El poder de los precios: ¿Ilusión?
Los recursos son escasos. Por este motivo y para utilizarlos (asignarlos) eficientemente existe la economía como ciencia social y las finanzas como su aplicación práctica dirigida a la organización. Por tanto, las finanzas facilitan el manejo de los recursos escasos de la organización y de las familias.
Las finanzas permanentemente eligen. Para elegir se necesitan datos claros, señales claras y estas señales son los precios. Los poderosos, pero a veces olvidados precios.
Los precios originan y sustentan todas las decisiones principales de uso de recursos, tanto para el consumo como para la inversión y producción. El sistema de precios define la eficiencia y transparencia de un sistema económico. Si este sistema no funciona o está intervenido artificialmente se genera desperdicio, ineficiencia, mercado negro y corrupción. Piensen sino en las experiencias de algunos países de la región al respecto, o en las propias, principalmente de hace algunos lustros.
Si para que las decisiones sean eficientes, las señales, los precios, deben ser las correctas.
Entonces, ¿cuál es el mejor sistema de determinación de los mismos? El mercado, la interacción libre y la competitiva entre los que demandan y los que ofrecen. ¿Quién mejor que los propios agentes para negociar los precios, de tal manera que los resultantes reflejen la disponibilidad y deseabilidad reales de los bienes y servicios cuyo valor representan?
El Estado debe promover la competencia, el Estado debe evitar los abusos y en algunos casos fijar techos con transparencia, pero nunca forzar una situación artificial.
Tarde o temprano la realidad (el mercado) se impone, y lo único que consigue la medida es desperdicio de tiempo y recursos escasos por decisiones erradas basadas en señales alteradas.
No importan los precios absolutos nominales sino los precios relativos, comparados, reales. Es decir, no importa, por ejemplo, si el precio de mi trabajo, de mi salario es 1, 10 ó 100,000 soles, sino cuántos tarros de leche compro con él. No importa si el limón vale 1, 10 ó 100 soles el kilo, sino, si puedo comprar el producto con mi salario, y si está más caro o más barato que la naranja, por mayor o menor producción, y si me conviene, entonces, preferirlo o no. No importa si una empresa vende 100, 1,000 ó 10,000 millones, sino si su venta real en unidades, su productividad real física, y la mayor o menor deseabilidad y disponibilidad relativas de lo que ofrece al mercado reflejada en la evolución del precio de su producto.
Si se bajara artificialmente el precio del limón para promover su consumo, los agricultores no lo sembrarían, privando a la sociedad de este bien.
Si se subiera por decreto el salario mínimo a un nivel por encima del real equilibrio en el mercado, las empresas no podrían pagarlo, quebrarían, no contratarían, creando desempleo, o trasladarían el mayor costo a los precios de sus productos, con lo que los mismos consumidores asalariados verían licuado realmente el incremento obtenido. El salario entonces subirá por la mayor demanda vinculada con la mayor inversión (piensen, por ejemplo, en el incremento salarial recibido en los últimos años por los operarios de las principales empresas agroindustriales en la costa) y por la mejora cualitativa de la oferta laboral vinculada con la educación y la experiencia.
No hay fórmulas mágicas, no se maneja el mercado por decreto.
Por este motivo, estimado lector, cuando tome una decisión a largo plazo, observando, evaluando y comparando precios actuales y proyectados pregúntese primero: ¿Estos precios son reales y sostenibles?
No sea iluso.
Hasta la próxima.

Alejandro Gómez. Es economista y magister en Administración, tiene un MBA por la Universidad del Pacífico y ha seguido un Programa de Desarrollo Directivo del Instituto de la Empresa de Madrid. Actualmente se desempeña como gerente corporativo de Administración y Finanzas de Iasacorp International, presidente de la Asociación Peruana de Finanzas (APEF) y profesor de la Escuela de Postgrado de la Universidad del Pacífico. (www.apef.com.pe )
Voy a concentrarme en el siguiente extracto de lo expuesto:
"El Estado debe promover la competencia, el Estado debe evitar los abusos y en algunos casos fijar techos con transparencia, pero nunca forzar una situación artificial".
He alli el detalle que faltaba para lograr un mercado perfectamente competitivo, si el Estado se comporta todos los dias en contra del mercado, si el estado con sus tres poderes le tiene una fobia patologica a la competencia, no creen los lectores que estamos dandole de golpes al mercado y volviendolo menos eficiente en el objetivo de lograr precios que den señales claras.
El Estado deberia tener antes que una politica social deberia enfrascarse en definir objetivos competitivos en cada sector de produccion y tambien dentro del mismo Estado, y no estar condonando deudas y dando señales y decretos contrarios al mercado, deberia enfrascarse en atacar la corrupcion de forma frontal y decidida, porque es la corrupcion lo que mas distorsina los precios en el mercado y genera conductas anticompetitivas en todos los agentes.
en verdad el estado debe actual como el organismo regulador,creando competenciaevitando abusos y creando y dando precios sin distorcionarlo lo que crea una inseguridad en los inversionista y por que no decirlo en los productores.
El estilo proteccionista del estado ha hecho mucho daño al pais,debe crear objetivos claros en cada sector con estrategias en el cumpliento asi como su monitoreo en evance y evaluacion final.
Estimado Sr. Alejandro, el papel del Estado no es..."evitar los abusos y en algunos casos fijar techos con transparencia, sin forzar una situación artificial"...sino simplemente obligar que se realicen centrales de datos en todos los ambitos de la economia,politica, policial, finanzas,etc..., asi se deben publicar antecedentes de los agentes que venden, compran, invierten, alquilan y obligar que cada agente tenga que brindar informacion, me refiero no solo a la buena informacion, sino tambien a la negativa, es asi que los que participamos en el mercado elegeriamos mejor y evitariamos desperdicios de tiempo y/o dinero.