¿Cambio de estrategia?

Todos somos generales después de la batalla. Me permito opinar, con evidencia empírica, por qué la contención del virus no funcionó como se esperaba, a pesar de los más de 100 días de encierro. Tengo completamente claro que hubiera sido peor de no aplicar el confinamiento; pero también pudo ser mejor. Lo hago con la intención de ser autocríticos, no solo el gobierno, sino todos. La humildad nunca debe perderse y las soluciones mágicas no existen. Tenemos mucho que aprender.

Desde el comienzo sabíamos que para contener el virus eran básicas tres cosas: el distanciamiento físico, el uso de mascarillas y lavarse las manos. El presidente insistió mucho en ellas y tenía razón, pero la estrategia debía ser consistente con la data. La información que presento a continuación pueden obtenerla de la encuesta nacional de hogares (ENAHO) de 2019.

En primer lugar, de los casi 7 millones de pobres que tenía Perú en 2019, solo el 19% tenía una refrigeradora en casa. 5 millones 600 mil pobres no podían almacenar alimentos. Mientras tanto, el gobierno insistía en salir solo dos veces por semana.

En segundo lugar, siete de cada diez trabajadores eran informales y la mayoría de ellos vivía al día. Por lo tanto, o le llevaba los alimentos a sus viviendas o tenían que salir con o sin cuarentena a ganarse el pan del día.

En tercer lugar, solo el 38% de la fuerza laboral tenía una cuenta en una entidad financiera. Como consecuencia, al ofrecer el bono, iban a ir al banco a recibir el efectivo. Y eso generó aglomeración, que luego se desplazaba a los mercados. Más contagios.En cuarto lugar el hacinamiento ¿Sabía usted que de los nueve millones de hogares, 870,000 no tienen habitaciones? ¿O que casi 2 millones y medio de hogares solo tienen una habitación y de ellos, un millón tienen 3 o más miembros?

Con estos cuatro datos, el bono no tenía sentido; mejor era la repartición de alimentos directamente y usando para ello a las fuerzas armadas y las redes de distribución del sector privado. Así sí podía pedirse que nadie salga de casa.

Sin embargo, al no cambiar la estrategia muchos ciudadanos seguían y siguen saliendo, pues necesitan hacerlo, dadas las características descritas. Se está abriendo la economía. ¿Lograremos contener los contagios? Me parece que es posible, pero hay que ajustar la estrategia a partir de los parámetros mencionados. No es tarde, pues si los contagios no se detienen, la opción de una nueva cuarentena, aunque difícil por la viabilidad política, es una posibilidad que no debemos descartar. El rebrote es una opción al abrir la economía. 

¿Por dónde comenzamos? Los grupos más afectados por la pérdida de empleos y/o ingresos son los informales que pertenecen a los segmentos socioeconómicos más bajos. De aquí sale una pista: la velocidad de recuperación dependerá de la contención del virus en el sector informal; además más del 70% de los informales han perdido sus ingresos. El formal está intentando cumplir con los protocolos para abrir. Podemos entender el problema. El informal de bajos ingresos vive al día y siempre jugó con sus propias reglas. No es una crítica, es una realidad. ¿Tenemos acaso un padrón de informales para poder hacerles llegar el bono o una canasta alimenticia? ¿Tienen una cuenta bancaria para depositarles el apoyo? Entonces solo queda el rescate masivo vía canastas alimenticias a todos los ciudadanos de los segmentos D y E, por un tiempo corto.

Quizás esta vez la informalidad nos muestre su mayor desventaja. No ser formal implica no estar en el radar. Además, no solo lo son en términos laborales. El hecho de vivir bajo sus propias reglas significa que no rigen las reglas del mundo formal. Se permite la salida a trabajar y el resultado son aglomeraciones y por ende más contagio y recuperación aún más lenta.  

No estoy culpando a los informales de ser informales. Siempre lo fueron. No saben cómo ser de otra manera. Más se asocia a una falla histórica del Estado. Las deficiencias estatales de los últimos cien nos pasan la factura.

La recuperación será muy lenta, pues la apertura de la economía depende de qué tan rápido se detengan los contagios. De nada sirven las buenas intenciones del MEF y BCR ni las propuestas populistas del congreso si no se logra lo anterior. Todavía se puede ajustar la estrategia. Nunca es tarde. 

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