El cine es un espejo

Raúl Ortiz Mory

“En cuanto más pasan los años, más disfruto haciendo películas”

trapero

Pablo Trapero, director de Leonera, Carancho, Elefante blanco y El clan, entre otras producciones argentinas, es uno de los invitados del 21° Festival de Cine de Lima. El Cine es un Espejo conversó con el realizador quien contó algunos detalles de su proceso creativo. Además, dio su punto de vista sobre el panorama del cine de su país y de Latinoamérica. También explicó su incursión en Hollywood a través de dos proyectos que en los siguientes meses se estrenarán en Estados Unidos.

Han transcurrido casi 20 años desde tu primera película, Mundo grúa, hasta la última, El clan, ¿cuánto ha cambiado tu mirada sobre el cine y tu manera de trabajar?

Cierto, son varios años y he realizado películas que me ayudaron a crecer como director. Pero lo más importante que aprendí fue la fascinación por hacer cine. Algo que al inicio me parecía atractivo, hoy es mi vida cotidiana y, entre película y película, ese desafío crece y me enriquece.

¿Ese desafío no te genera algún tipo de presión?

A veces me preguntan si el éxito o la continuidad de las películas me generan temor cuando voy a emprender un nuevo proyecto. En realidad es una presión que me encanta. Saber que hay un público que espera una nueva película, como pasa cada vez que llego a Lima, me genera mucho entusiasmo y me hace sentir un privilegiado, más aún cuando sabemos lo complicado que es realizar películas. Lo que más he aprendido en todos estos años es el placer que causa el proceso creativo. Al principio, cuando se empieza en la carrera cinematográfica, el director puede disfrutar menos de todo esto, ya sea por lo costoso, complejo y difícil que significa realizar una película. En cuanto más pasan los años, más disfruto haciendo películas. Lo que tienen en común todos mis trabajos es el entusiasmo y las ganas de avanzar con más proyectos; además de la angustia que me da cuando siento que no tengo el tiempo para hacer todas cosas que quisiera. Igual eso me motiva.

Cuando te iniciaste como cineasta el cine de tu país pasaba por una etapa en que nuevos realizadores como tú irrumpieron con propuestas distintas a las que se veían a fines de los noventa. Algo que fue llamado como el Nuevo Cine Argentino ¿Cuánto ha cambiado el panorama hasta hoy?

Han cambiado un montón de cosas. Cuando estudiaba cine a fines de los noventa era muy difícil imaginar lo que ahora se está viviendo. Tan solo hacer una película era algo difícil de creer. Siento que lo que viví desde Mundo grúa me emocionó, me conmovió, me sorprendió, pero, sobre todo, provocó el estímulo para seguir adelante. Eso que era un sueño para mí y otros amigos y colegas, ahora es una realidad. El cine de hoy se comunica más con el público. Eso que parecía difícil de imaginar también pasa en el resto de Latinoamérica. Estamos mejor que hace 15 años. La prueba es la cantidad de propuestas variadas que podemos ver en festivales como este o en otros certámenes de diferentes partes del mundo. Hay seriedad y compromiso por contar nuevas historias. Las películas latinoamericanas recorren festivales de todo el mundo y dejan una imagen positiva por la forma en que se está haciendo cine.

¿Cuál es el rasgo que define al cine argentino y latinoamericano en este momento?

En ambos casos vamos por un camino alentador donde lo más notorio es la diversidad de temáticas. Se hacen películas con ideas nuevas y presupuestos de todo tipo, que están enfocadas hacia un público muy heterogéneo. No hay una tendencia marcada o corriente que predomine. Por lo tanto, creo que la diversidad ayuda a que seamos más atractivos a nivel de planteamiento y propuesta.

Cuando hiciste El bonaerense el rol protagónico lo tuvo Jorge Román, un actor que no era muy conocido, y te dio buenos resultados. La elección estuvo sostenida, según dijiste en ese tiempo, bajo un criterio de puro “instinto”. ¿Sigues pensando lo mismo al momento de elegir al elenco de tus películas o ha cambiado en algo desde que tus protagónicos son actores famosos?

Aplico el mismo criterio. Por ejemplo, cuando estaba preparando El clan, les decía a mis colegas y productores que quería que Guillermo Francella sea el protagonista. Ellos me decían que Guillermo viene del mundo de la comedia y tiene una comunicación con el público a partir de personajes amables, algo muy distinto a Arquímedes Puccio, el personaje central de la película. Yo respondía lo mismo que en el caso de El bonaerense: creo en la capacidad de los actores y en todo lo que me pueden dar más allá de lo que normalmente han podido hacer en sus roles anteriores. Que hagan cosas distintas no solo es un reto para ellos mismos, también significa darle algo diferente al público. Tanto para el Zapa de El bonaerense como para Arquímedes Puccio, de El clan, el motor de búsqueda y el convencimiento para que todo salga bien sigue el camino de la intuición. En el caso de Francella la experiencia está probada, pero era la primera vez que hacía un personaje así. En el caso de Jorge Román que hacía del Zapa, siempre creí que era un buen actor pero nunca había hecho una película. Si bien son cosas distintas, ambas tienen la misma naturaleza.

Más allá de la confianza, ¿cómo crees que debe ser o qué debe primar en la relación entre un director y sus actores?

El cine es un trabajo en equipo donde se necesita que todos miren hacia el mismo objetivo. Una de las relaciones dentro de este ambiente es la que establece el director con sus actores para construir adecuadamente los personajes. Ese trabajo es el resultado de la curiosidad y la complicidad, más allá de la confianza, como has anotado. Se trata de ir descubriendo juntos el personaje asignado o de ir guiando a los actores en el sentido de contar mejor la historia y explorar las facetas de sus propios personajes. Lo más fascinante para mí de la construcción de los personajes empieza en el guión  y el rodaje, pero es el montaje donde uno puede decidir que toma va o no va en beneficio de los actores para que se vean más sólidos. La dirección no solo está en la realización, sigue en el proceso de postproducción.

¿Cuál es la etapa que más disfrutas y la que más complicada se te hace?

Disfruto mucho del rodaje a pesar que es una etapa donde estás expuesto al azar, sobre todo en realidades como las nuestras donde cualquier cosa puede afectar a la producción. Pero quizá la que disfruto más es el montaje. Yo me formé como montador. La distancia entre una idea pensada y la idea reflejada está a unos cuantos clicks en medio de acciones de soledad y silencio que disfruto mucho. Lo que disfruto menos, a pesar que también me gusta, es el proceso de la escritura. La elaboración del guión es un camino doloroso, aunque tampoco estoy diciendo nada original. Soy muy poco metódico para escribir. No tengo el hábito que otros sí tienen.

Estás trabajando dos producciones en inglés y fuera de Argentina: The Man in the Rockefeller Suit y Thin Skinned Animal (remake de El profesional, la película con Jean-Paul Belmondo) ¿Cuánta concesión creativa puede otorgar un director cuando enfrenta retos como estos?

Desde mi primera película hasta la última, esa ha sido la constante que he vivido como director y cada producción tiene desafíos distintos. A veces tener pocos recursos es una limitante y cuando tienes muchos recursos también. Siempre el director está enfrentando una toma de decisiones que está limitada por algo. La película debe surgir a partir de una serie de buena toma de decisiones. Hacer una película fuera de Argentina es un desafío adicional donde los personajes son distantes a mí, como lo fue en Leonera, Carancho o Elefante blanco, por más que sean películas argentinas. Todas se mueven en mundos a los que yo no pertenezco. El desafío con las películas extranjeras está en que se contarán en otro idioma. Pero el proceso seguirá siendo el mismo.

¿Cómo es el trabajo de investigación o la preparación para descubrir estos mundos nuevos?

Depende de las películas. Pero siempre hay una preparación, investigación y aprendizaje, aunque desde Mundo grúa hasta Thin Skinned Animal debe haber algo que me interese. Sin un acercamiento que resulte de mi curiosidad no puedo contar una historia. La siguiente película que rodaré en Argentina trata sobre la relación de dos hermanas con su madre. La historia se mueve netamente en un mundo femenino y no tiene nada que ver con algo que yo haya vivido, tampoco se relaciona con mis películas anteriores. Parecería una película más accesible, entre otras cosas porque actuará Martina, mi esposa, pero el desafío también es grande porque es una realidad desconocida para mí. Cada película es un descubrimiento.

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