Miércoles, 21 de enero del 2009

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Viaje a la aventura

Por Ricardo Montero.

Malhumorado, malencarado, maleducado, maltrajeado, malaseado y muchos otros males eran los que llevaba encima.

Me habló, hasta la desesperación intentó convencerme, y como  no lograba hacerlo llegó a gritarme palabras que no le entendía, aunque hablaba español (pero la verdad es que de eso no estoy seguro).

El jovenzuelo, mixtura de rapero chalaco, chichero comeño y rockero victoriano, daba la sensación, sin embargo, de ser un pirañita, porque por mucho que hiciera mohines, amenazara con ademanes, atemorizara con su desdentada sonrisa e intentara sentenciar con una esvástica que colgaba de su enegrecido cuello, de ninguna manera tenía más galones que los que mostraba en sus huesudos brazos.

Era un aprendiz condenado a no ascender y a no soñar con más. Aún así infundía miedo, por eso obedecí cuando me ordenó colocarme en el lado más oscuro, luego de poner delante de mi cara el hoyo que hizo con su mano derecha para que depositara el dinero. Hasta antes de eso había intentado revelarme, reclamar respeto y hasta exigir por mi vida, pero luego opté por el discreto silencio, imitar amargamente (cobardemente) a las otras personas que también habían renunciado a enseñar los dientes. Cada cierto tiempo nos miraba fijamente, nos vigilaba, y señalaba a quienes dejaría ir. Yo, que había intentado mostrar los dientes, fui de los últimos. Me observó, me pidió que avanzara, y cuando estuve cerca a él me pidió que tuviera cuidado y me agradeció.

Extrañamente había dejado de ser malhumorado, malencarado y maleducado, aunque seguía siendo maltrajeado y malaseado. Caminé y recobraba los sentidos. Y no había estado en el Callao, en Comas o en La Victoria. Había viajado en combi, después  de muchos años de conducirme en mi propio auto, ahora internado en un taller de planchado y pintura, justamente porque fue embestido por una unidad de transporte público de pasajeros (pomposo y falso membrete).

Me alejaba y recordaba las amenazas del jovenzuelo, aprendiz de todo, incluso de cobrador, y las veces que escapamos de morir o quedar heridos, merced a la pericia o impericia del chofer. Aventura de vida, que seguiremos viviendo a despecho de metropolitanos, trenes eléctricos y revisiones técnicas.

A propósito, cuando bajé observé que el chirriante, humeante y destartalado vehículo lucía en el parabrisa delantero una calcomanía que algún diligente técnico de Lidercon le había colocado, cual si fuera una condecoración, pero en este caso tendría que interpretar como un galardón a la vejez. Y pensar que a mi carro lo jalaron por "luces desalineadas y el freno trasero algo desajustado", como me explicó un diligente técnico de Lidercon.
 

6 comentarios

#1 | 26/11/2009
limeño

Bienvenido al mundo de los de a pie, y no te quejes mucho que es nuestra realidad.

#2 | 26/11/2009
Pancho

Yo solo espero que mi hijo, el más pequeño, o, para ser menos optimista, mis nietos; vivian un mundo mejor, un pais mejor, en fin una ciudad mejor. Porque es insólito e injusto que pongamos nuestra integridad en manos de estos personajes descritos arriba, porque igual o peor que el cobrador, es el que está al volante. Dios nos guarde.
Y que los esfuerzos por mejorar el parque automotor nos libre de las combis ASESINAS.

#3 | 26/11/2009
Juan

Es exactamente lo que estaba pensando.

#4 | 27/11/2009
Enrique

Esa es la verdadera realidad fuera de tu auto.

#5 | 5/12/2009
Juan

Con ese "cacharro" de piraña viejo, le hubieras aconsejado que se bañe y que hable claro, además no todo es malo, míralo por el lado positivo, cuando subes a una combi te vuelves religioso,….. quien no reza para llegar vivo a su destino, te arrepientes de tus pecados, pensando que es tu último viaje, además durante el trayecto sueltas toda tu adrelina, que es bueno para la salud,….uno sale mismo Indiana Jones en su última aventura.

#6 | 5/12/2009
Lucio

q esa sea la realidad de los DE A PIE no quiere decir q tengamos q conformarnos con ella, ojo q me incluyo en este grupo, es tan facil en realidad tener una ciudad mas ordenada, y si no la tenemos es porque aun no somos lo suficientemente civilizados como colectivo, como masa urbana, para tenerla, no es por falta de recursos unicamente, somos NOSOTROS MISMOS, desde el q vende caramelos contandote historias trilladas probablemente no ciertas, hasta el peaton q no se detiene a mirar siquiera en las esquinas para cruzar la calle....se trata de como manejamos, como cruzamos, por donde caminamos, como usamos la infraestructura vial TODOS. El estar literalmente sujetos a la tirania de un par de ignorantes, uno al volante y otro gritando desde la puerta es la consecuencia y producto de esta realidad de la q todos somos parte. Empecemos por nosotros mismos, no callandonos ante cosas q no deben ser, siendo educados, teniendo conciencia d los otros como iguales a uno, habitantes de la misma urbe. Y progresivamente todo sera mejor.... : )

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