Futuro del trabajo: habilidades y desafíos para la educación universitaria

Los impactos de los cambios tecnológicos en curso, la crisis económica y las respuestas ante la pandemia del covid-19 son significativamente graves para el empleo y la ocupación a nivel internacional. Hay elementos positivos en estas variables, pero el balance neto pareciera ser negativo, más aún en economías de menor desarrollo como la peruana y que han soslayado los temas de la ciencia, tecnología e innovación.

No podemos cruzarnos de brazos esperando que la ola tecnológica destruya más puestos de trabajo en un horizonte de mediano plazo, ni pensar erróneamente que desregulando y precarizando el mercado de trabajo nacional las empresas van a contratar más trabajadores. Al ser una economía dependiente importamos las tecnologías ahorradoras de mano de obra, aún cuando el costo de un trabajador puede ser aquí menor al de los estándares internacionales.

El título de esta nota refleja el contenido de un estudio que acaban de terminar las doctoras chilenas P. Aceituno y W. Shih del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia. Ellas aportan una visión balanceada anotando los riesgos, las nuevas necesidades del mercado laboral, los desafíos para el sistema universitario y las oportunidades que se pueden abrir si las impulsamos y aprovechamos a tiempo.

Contenido del documento
Se presentan algunas investigaciones relativas al futuro del trabajo realizadas por organismos internacionales y nacionales, las que dan cuenta del surgimiento de una serie de cambios en la demanda de perfiles profesionales en lo laboral, entre los que se destaca la necesidad de incluir ciertas habilidades en la formación general.

Adicionalmente, a partir del análisis del último informe del Foro Económico Mundial (2020), en el que presentan nuevas categorías y profesiones del futuro, observan como algunas habilidades allí expuestas emergen como características transversales a una serie de profesiones futuras. Es importante señalar que este ensayo representa solo una pequeña mirada hacia el futuro del trabajo, puesto que la dinámica y vertiginosa producción de informes relativos a esta materia implica desafíos mayores que exceden la intensión y profundidad del estudio.

Una nueva planificación
Las autoras plantean que una visión actual de la planificación debe ir más allá del mero cumplimiento de una misión o visión estática, pensada y liderada por una reducida plana directiva, para abrirse a la discusión, ideas y consenso de quienes dejaron de ser vistos como recurso humano y pasaron a ser colaboradores de cualquier organización.

Lo anterior indica qué para alcanzar una gestión y resultados viables, más aún cuando hay un cambio de paradigma, se debe incluir a quienes habitan el sistema, tanto en el diseño como en la responsabilidad de su implantación. Asimismo, tratar de bajar los niveles de incertidumbre a través del diseño del futuro se ha transformado en un requisito para la toma de decisiones, lo que puede implicar, por una parte, acudir a ejercicios de prospectiva institucionales y, por otra, sumar análisis y reportes externos que den cuenta de algunas ideas sobre el comportamiento futuro de variables específicas que puedan ser de interés.

Visión internacional
El documento parte señalando que los cambios provocados por la tecnología en los últimos 30 años han significado que muchos empleos de ingreso medio hayan sido reemplazados debido a las tareas rutinarias que comprendían. Así, se ha ampliado la polarización de los trabajos conocidos como empleos miserables y estupendos que tienen en común que los trabajadores de ambos extremos realizan tareas no rutinarias.

Por otra parte, se espera que el avance de la inteligencia artificial (IA) sustituya no solo las tareas rutinarias sino también todas aquellas actividades que puedan ser definidas mediante códigos y algoritmos. Asimismo, estas aumentarían a medida que los costos de los robots disminuyan, la tecnología avance y sea posible recopilar cantidad suficiente de datos para el reconocimiento de patrones de comportamiento.

Como están las cosas, hasta ahora se han señalado tres categorías que parecen más difíciles de automatizar y que se concentran, en términos generales, en torno a: tareas de percepción y manipulación, tareas de inteligencia creativa y tareas de inteligencia social. Pero, incluso en estos ámbitos, la IA va logrando rápidos avances y pareciera que los límites al reemplazo dependerán finalmente de los términos autoimpuestos por la humanidad. Como lo anterior aún no está claro, se están discutiendo nuevas formas para el soporte de la economía humana que van desde los impuestos a los robots a un ingreso básico universal.

Impactos en Chile
Las autoras reportan un conjunto de estudios chilenos similares a lo que se han llevado a cabo a nivel internacional para determinar la probabilidad de automatización de las actividades laborales. Desafortunadamente en el Perú todavía no se han llevado a cabo estudios con el mismo propósito; aunque hace unas semanas atrás reseñamos algunos resultados para nuestro país a partir de un documento de la Cepal (2020).

Por ejemplo, Nedelkoska y Quintini (2018) reportan una probabilidad de automatización de un 52%, mientras Manyika et al. (2017) estiman un 49%, y el informe presentado por los mismos autores citados del Caples de la Universidad Católica indica que el promedio de automatización para nuestro país correspondería al 42.2% de los empleos, lo que se presentaría con mayor o menor incidencia de acuerdo con parámetros definidos, tales como el nivel de complejidad, sexo, industria y quintiles.

Oportunidades laborales
Por el lado de lo positivo, en el documento retoman el reporte del Foro Económico Mundial (2020) sobre el tema. Allí se presenta una interesante propuesta en que se configuran 96 nuevas profesiones bajo 7 áreas: cuidado y salud; IA; ingeniería/computación en la nube; desarrollo de productos; ventas-marketing y contenido; gente y cultura; y economía verde (ver cuadro 1).

Estos grandes campos se encuentran directamente relacionados con el avance de la tecnología; sin embargo, en el documento original se hace referencia, además, a las habilidades que se requieren para cada una de esas categorías.

Cuadro 1. Algunas profesiones del futuro
trabajo1
Fuente: Elaboración propia con base en Foro Económico Mundial (2020).

Necesidades del futuro
El mundo cambia y con ello también lo deben hacer las universidades. Las autoras señalan que, si bien el futuro de la educación estaría delineado sobre la gestión de la información para convertirla en algo útil desde diferentes vertientes, los cambios tecnológicos esperados no solo requerirán de conocimiento, sino también de una serie de habilidades que hasta hoy no son consideradas naturalmente como parte de la formación profesional.

Una serie de habilidades humanas tomarán protagonismo en la formación profesional, habilidades como la creatividad, originalidad, iniciativa, pensamiento crítico, persuasión, negociación, atención al detalle, resiliencia, flexibilidad, resolución de problemas complejos, liderazgo e influencia social, aumentarán su valor a futuro.

Así también, la necesidad de habilidades que emergen de los diferentes análisis sobre el futuro del trabajo, como la capacidad de abstracción, la resolución de problemas complejos y las socioemocionales como la inteligencia emocional, el aprendizaje proactivo, la escucha activa, la adaptabilidad y la comunicación, son áreas estratégicas que complementarán ese futuro laboral, a pesar de que algunas de ellas sean difíciles de enseñar.

Por tanto, se espera que las personas tengan la capacidad de adquirir una mezcla de habilidades socioemocionales, cognitivas y tecnológicas que les permitan hacer la transición a un contexto profesional más dinámico. De esta forma se considerará dentro de las competencias básicas el aprendizaje como una tarea continua, durante toda la vida activa laboralmente, a pesar de que cada día sea más difusa la línea que divide los ingresos y los niveles de estudios.

Cambios en métodos
En el estudio se señala que la tecnología ha transformado la forma en que las organizaciones entregan la educación. Se anota que el aprendizaje en línea ofrece nuevas oportunidades tanto para estudiantes como para educadores ya que no está limitada a un tiempo y espacio fijos, sino que más bien se crea un espacio de aprendizaje virtual que rompe esta delimitación. Asimismo, con la pandemia varios países han acelerado la transición de la educación al aprendizaje en línea.

Las autoras creen que con la tecnología los profesores pueden ofrecer presentaciones atractivas e interactivas que atraen la atención de los estudiantes. Por ejemplo, las plataformas de colaboración basadas en chat permiten a usuarios de todo el mundo participar en el proceso educativo. Además, los profesores pueden hacer que expertos se unan a la discusión en línea y hablar directamente con los estudiantes. La tecnología de la IA puede aprender cómo un estudiante interactúa con el conocimiento y analizar las necesidades de un individuo o de toda la clase.

Desafíos para las universidades
Las investigadoras recuerdan que la universidad ha sido considerada como un gran hito de la civilización occidental. Hoy se pueden encontrar universidades online, presenciales, profesionalizantes, enfocadas en la investigación y más actualmente bajo un modelo híbrido de educación. Hasta antes de la pandemia, algunos desafíos ya eran planteados en torno a la idea de la universidad del siglo XXI.

Son numerosas las brechas que se discutían antes de la pandemia: las diferencias entre la oferta educativa y las demandas de la sociedad y el mercado, la falta de movilidad del profesorado, la reducción del financiamiento, la reeducación de claustros, la interdisciplina como necesidad pendiente, la pérdida del rol de las humanidades para formar ciudadanos críticos, el cuestionamiento de los valores transmitidos, su finalidad y medios, su calidad, su politización partidaria, su utilización como refugio de políticos mientras vuelven al poder, su autonomía, su rol en la disminución de desigualdades, el error de entregar conocimiento con enfoques esencialmente nacionales que afecta la visión global y compleja, la igualdad de género, la inclusión social y la transferencia de conocimiento con mayor impacto social, entre otros varios elementos.

Se señala que desafortunadamente la actividad académica ha resultado ser una actividad escasamente considerada en los informes sobre el futuro del trabajo. La atención se dirige más a la validación de los actuales parámetros de exigencia: la capacidad emprendedora del académico, de vinculación con los medios y/o gestión de redes internacionales, entre otros.

Nuevas habilidades y conocimientos
La visión tradicional parece estrecha respecto del universo de las habilidades, el avance de la tecnología y, por tanto, la experiencia y el conocimiento, lo que cuestiona la separación entre la educación centrada en habilidades y el conocimiento. La nueva combinación habilidad/conocimiento que se ha venido gestando sigue dando señales de flexibilidad, por ejemplo, con respecto a la necesidad de incluir nuevos perfiles para la docencia universitaria. No hay un solo perfil adecuado ya que ha de considerarse otras áreas que eran escasamente valoradas tales como las habilidades socioemocionales, el manejo del estrés, la habilidad para influir o negociar.

Medir las habilidades emocionales es un desafío mayor y que llama a repensar el camino establecido. Lo mismo en relación con las nuevas alternativas de certificaciones, como son los MicroBachelors, MicroMasters o nanogrados, que se diseñan para adultos que buscan progresar en su carrera y que han sido creados por las universidades e influenciados por compañías líderes en distintas industrias; u otras orientadas a una capacitación puntual para que las personas puedan ejercer un rol específico.

Las autoras terminan señalando que se debe avanzar con respuestas a un ritmo más activo. El futuro de las universidades depende de cuán abiertos se mantengan al cambio. La preocupación no debiese ir principalmente por cuántos empleos se perderán o si una profesión específica se volverá innecesaria. Más bien, se debería entender el futuro como un campo abierto para posibilidades, experiencias y oportunidades.

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