Modelo de desarrollo, precariedad laboral y nuevas desigualdades sociales en América Latina

En el último número de la Revista de la CEPAL de abril de 2022 se acaba de publicar un interesante artículo sobre desigualdades sociales y precariedad laboral en América Latina (AL). El autor es Dídimo Castillo, Profesor Investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma del Estado de México.

El investigador analiza las desigualdades y precariedad laboral con los modelos de desarrollo de nuestra región. Confronta las versiones regionales de la edad de oro del capitalismo, la industrialización sustitutiva o el desarrollismo desde finales de la Segunda Guerra Mundial respecto de la actual fase neoliberal iniciada entre los años ochenta y noventa del siglo pasado.

Asimismo, a partir de este panorama discute la posibilidad de un nuevo pacto social y un Estado “proteccionista” o “semiproteccionista”. Este documento es relevante para entender lo que está ocurriendo, aún sin considerar las secuelas del covid-19 y la intensificación de los cambios tecnológicos. Sin embargo, el artículo tiene una perspectiva general que no aborda las complejidades particulares del caso peruano.

Resumen
Se analizan las principales características de los dos grandes modelos económicos del siglo pasado y lo que va del presente en AL. El primero está centrado en el desarrollo nacional, con una estructura de bienestar relativa. El segundo presenta las particularidades distintivas del modelo neoliberal vigente, en cuanto a la ruptura del pacto social entre capital, Estado y clase trabajadora, además de la flexibilización y desregulación como formas de gestión del trabajo.

A modo de hipótesis, se exploran algunas de esas singularidades respecto a la aparición de una nueva precariedad laboral, así como de nuevas desigualdades de ingreso y pobreza, considerando las diferencias entre los países que adoptaron el modelo neoliberal y los que optaron por formas de gobierno post neoliberales. Los resultados en todas las dimensiones y variables consideradas mostraron condiciones más desfavorables en los países que con mayor apego siguieron el modelo neoliberal.

Evolución histórica
Después de la Segunda Guerra Mundial, AL experimentó un largo período de desarrollo industrial y una forma con características propias, de sociedad salarial, tras el establecimiento del modelo económico de sustitución de importaciones y la instauración del Estado benefactor. La sociedad salarial industrial, aunque mantuvo la centralidad de la explotación y acumulación ampliada del trabajo operó bajo ciertos principios de solidaridad social, con una fuerte intermediación estatal (del Estado de bienestar) y una vinculación directa entre los otros dos actores sociales: el sector capitalista o burguesía industrial nacional, y la clase obrera o trabajadora organizada.

Si bien dicha sociedad industrial nunca fue ni pretendió representar una sociedad igualitaria y sin conflicto, supuso un período de crecimiento económico en el que el modo de gestión fue la negociación. La década de 1940 fue un período en que coincidieron dos fenómenos. Por un lado, como resultado del desarrollo y la expansión de los conocimientos médicos y los primeros esfuerzos en materia de política social, se modificaron las tendencias de la mortalidad. La década de 1960 marcó la cúspide del problema de desempleo, desigualdad y pobreza en los grandes países de la región.

El neoliberalismo implicó, por una parte, un cambio sustancial en los mecanismos y formas de organización de la producción y gestión del trabajo, sin que ello conllevara la pérdida de centralidad del trabajo, toda vez que el modelo representó un triunfo de la burguesía financiera sobre la burguesía nacional industrial y extendió las fuentes de acumulación y apropiación más allá de la explotación ampliada del trabajo. Coincidentemente, de este modo se promovió una nueva forma de exclusión y fuentes generadoras de desigualdad y pobreza, diferenciadas del modelo anterior.

Panorama laboral
La situación de deterioro de la calidad del empleo, así como el incremento de la desigualdad de ingresos y sus consecuencias sobre las condiciones de bienestar y pobreza, es mundial y cada vez más dramática. Según Castillo la OIT ha reconocido que el modelo de empleo cambió durante las décadas pasadas, y que se produjo un inusitado aumento de la precariedad. Esto se debió a la pérdida de importancia del empleo con contrato estable y jornadas completas representan en el mundo menos de una cuarta parte de los puestos de trabajo.

La OIT también ha destacado que las tendencias son crecientes y que la notable expansión del trabajo precario tiene consecuencias directas sobre el aumento y la ampliación de las desigualdades de ingresos. No obstante, las consecuencias desfavorables sobre el mercado de trabajo y el incremento de la desigualdad y la pobreza parecen afectar más a los países que acogieron el modelo económico neoliberal (en su versión más ortodoxa) y subordinaron su política económica y social a la dinámica del libre mercado. En cambio, en los países y gobiernos en que se impulsaron políticas de corte post neoliberal estos últimos han sido relativamente favorables.

Peores trabajos
El índice de mejores trabajos, creado por el Banco Interamericano de Desarrollo, que mide la situación del empleo de los países a partir de dos dimensiones (la cantidad y la calidad de las ocupaciones), ofrece resultados sugerentes en este sentido.

Chile, Costa Rica, Panamá y el Uruguay son las economías con mayores puntuaciones en dicho índice y, por consiguiente, con estructuras laborales de mayor cobertura relativa, oferta y demanda de empleo formal. En el otro extremo se ubica México, en la posición 13 de 17 países, con uno de los mercados laborales más limitados y deficitarios en cuanto a calidad de las ocupaciones, solo precedido por El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.

Desigualdad creciente
La particularidad más sobresaliente del mercado laboral regional es su alta heterogeneidad, lo que implica varias combinaciones, que repercuten en la calidad de las ocupaciones. Un indicador de importancia central en la caracterización de la calidad del mercado de trabajo y los niveles de capitalización y concentración de riqueza es la estructura de ingresos laborales. Directa o indirectamente, esta se corresponde con la participación de la masa salarial en el ingreso nacional o PBI.

Los datos informados para la región indican una importante caída del 41.8% en 2002 al 39.4% en 2006, el 39.3% en 2010, el 40.2% en 2014 y el 37.5% en 2016. La participación varía entre países como Costa Rica, el Brasil y Honduras, que registran un 46.8%, un 44.7% y un 44.1%, respectivamente, y México y Panamá, en las dos últimas posiciones, con participaciones del 26.7% y el 24.8%, respectivamente, y caídas sistemáticas de participación desde 2002.

En este estudio se evaluó la situación de desigualdad de ingresos, con base en la aplicación de un índice de abatimiento considerado como el rango o la diferencia de valores del coeficiente de Gini en dos momentos dados sobre los que se dispone de información. Sobre la base de este índice, se puede corroborar que el esfuerzo realizado y los logros alcanzados en las últimas décadas fueron muy desiguales en la región. Los países con resultados notoriamente más favorables fueron la Argentina, el Brasil, Bolivia, el Ecuador y El Salvador. Los peores o con menores avances o mayores retrocesos fueron Colombia, Costa Rica, Guatemala, México y Panamá.

Mayor pobreza
Los países con niveles de pobreza por debajo o por encima de la media y mayores logros, fueron la Argentina, Bolivia, Chile y el Ecuador. A su vez, con niveles relativos inferiores, dados en parte por los niveles de pobreza ya alcanzados, se encontraban el Brasil, Costa Rica, Panamá y el Uruguay.

Mientras tanto, señala Castillo, con niveles de pobreza muy por encima de la media, en el cuadrante de alta pobreza y pocos logros o retrocesos, destaca Honduras como el país con mayores rezagos, seguido de El Salvador, Guatemala, México y Nicaragua, sobresalientes por el nivel de retroceso mostrado en la lucha contra la pobreza en el período considerado.

Principales conclusiones
La flexibilización, la desregulación y la precariedad laboral se institucionalizaron en el modelo de desarrollo, y su legitimación se promovió como parte del proceso de normalización del trabajo y, posteriormente, mediante las reformas laborales, con las que también se institucionalizó el riesgo de exclusión. La flexibilización y la desregulación del trabajo planteadas como salida a la crisis laboral iniciada a mediados y finales de la década de 1960, más que una cura (o el remedio) se convirtió en el propio mal. El neoliberalismo tomó como solución la propia enfermedad.

Con la adopción del modelo económico neoliberal y la desarticulación de los tres elementos fundamentales (el Estado nacional, la burguesía industrial y la clase trabajadora) se erosionaron los fundamentos básicos sobre los que hasta entonces descansaba el Estado benefactor y la idea del desarrollo promovida en el marco del modelo de sustitución de importaciones señala Castillo.

Estado benefactor
La tesis que sostiene el autor es que, con la ruptura del pacto previo, que tuvo lugar a mediados de la década de 1970, y en las condiciones actuales de debilidad organizativa de la clase trabajadora, se hace inviable la posibilidad de reconstruir un Estado benefactor auténtico, más allá de todas las consideraciones respecto de la posibilidad de reorganización desde el Estado y la reorientación del modelo económico.

En este marco, resulta casi imposible el resurgimiento de un nuevo Estado de bienestar, en un contexto en que la clase trabajadora no tiene capacidad social ni política para asumir dicho proyecto alternativo, como contrapeso ante el Estado y la clase capitalista, siguiendo el modelo del anterior Estado de bienestar; o, al menos, esto es lo que parece suceder.

La pregunta que aflora es la de si, en el contexto actual, es o no posible la reconstrucción o redefinición de aquel pacto social. No obstante, con todas las contradicciones, la vuelta al proteccionismo o a un modelo semiproteccionista con el desarrollo del Estado nacional podría ser favorable, por lo menos para los sectores sociales medios y la clase trabajadora, directamente afectados por la flexibilización y la desregulación laboral en sus condiciones de empleo y bienestar social y laboral.

El cambio posible
Según Castillo este cambio implicaría que los países de AL tuvieran que introducir ajustes en el modelo económico. En principio, quizá tendrían que buscar otros mercados. También se podrían combinar estos ajustes con políticas de generación de empleos y redistribución de ingresos, e incluso impulsar, de manera complementaria, mecanismos de integración interregional para la comercialización de productos y el desarrollo de mercados de trabajo regionales.

Una política de bienestar acorde con las condiciones y demandas de la población es inviable en el neoliberalismo, pues enfrenta escollos insalvables. No obstante, el post neoliberalismo, como reformismo o como posible salida, aunque no supere la fuente de contradicciones del modelo económico y laboral hace que este modelo sea menos cruel y dramático, en la medida en que pueda orientar su política social en función de los intereses más inmediatos de la población con mayores carencias, desprovista de recursos y benefactores básicos finaliza el autor.

Colofón
La sostenibilidad social, política y económica de tales cambios a través del tiempo no es una cuestión fácil. Los avances y retrocesos que han tenido los regímenes progresistas en nuestra región, en las últimas décadas, son una demostración de su complejidad.

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