Miércoles, 21 de enero del 2009

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La política económica de Mr. Humala: mea culpa

Hay quienes me atribuyen un poco de responsabilidad por los resultados electorales del 5 de junio.

Afirman que fui uno de los primeros en facilitar la legitimización de las propuestas nacionalistas al afirmar, como lo hice por las ondas radiales y televisivas de RPP, que el equipo económico de Gana Perú había hecho un excelente diagnostico de la realidad económica del país y que por ello probablemente ganaría las elecciones. Por los mismos medios de comunicación, destaqué el énfasis distributivo de la propuesta de Gana Perú frente al cuento del chorreo a lo Toledo o a la ignominia de la teoría del Perro del Hortelano al estilo Alan Garcia.  Subrayé las duras palabras del equipo de Gana Perú en relación a la corrupción y sus consecuencias así como su muy bien sintonizada empatía con una gran mayoría de peruanos que se sienten convidados de piedra en la fiesta del crecimiento. Señalé todo eso y por ello declaro mi mea culpa, aunque mis razones no sean necesariamente las mismas razones de aquellos que llegaron a llamarme "Humalista". 

En efecto, poco antes de la elecciones del 10 de Abril, publiqué en la versión impresa de Gestión (08/04/2011) un artículo titulado "La Política Económica de Mr. Humala" donde--con el espíritu jocoso e irreverente que caracteriza a esta columna--señalaba que, por lo menos en temas de política monetaria y cambiaria, la propuesta nacionalista contenida en el Plan de Gobierno Original (PGO) no difería en casi nada de la política ortodoxa y neoliberal de los últimos 15 años.  Que en gran medida, la política monetaria y cambiaria que proponían los nacionalistas era mas de los mismo, pudiendo el Banco Central -en mi modestísima opinión--hacer un mejor trabajo en su lucha contra la inflación y la volatilidad del tipo de cambio, sin alimentar de manera predecible el apetito de los especuladores cambiarios y agudizar la presión revaluatoria del sol frente al dólar.

Advertía en dicho artículo que el problema fundamental de la propuesta nacionalista residía en la naturaleza un tanto contradictoria de una política fiscal, declarativamente formal, ortodoxa y altamente teórica, y las posiciones radicales en torno al respeto a los contratos, a los tratados de libre comercio internacional, a la reforma tributaria, a los planes de gasto social sin mayor detalle del cómo ni cuánto, a la supuesta necesidad imperiosa de una reforma constitucional para re-institucionalizar el papel empresarial del Estado y fomentar una asi-llamada "economía nacional de mercado" (sic), etc.  Señalé, en suma, la incongruencia de plantear una política fiscal que en el papel es defensora del status quo fiscalista y conservador, pero que en los hechos pretendía ser revolucionaria y altamente destructora de los cimientos básicos de la confianza empresarial, sea esta nacional o extranjera.  Señalé todo esto y por ello concluí que aunque el diagnostico de la realidad peruana elaborado por los técnicos de Gana Perú era más que loable, el problema estaba en la medicina, la cual--por sus contradicciones--"resultaba ser peor que la propia enfermedad". 

Claro que la versión de "La Política Económica de Mr. Humala" que circuló por algunas de las redes sociales no incluía esta última frase, cortesía de la fina tijera del columnista de diario La República Humberto Campodónico.  Y es gracias a dicha omisión que en ciertos ambientes se me consideró todo un allegado al humalismo académico.  La verdad, yo no estaba enterado de lo que sucedía en las redes sociales (recién he abierto una cuenta en Facebook y hasta ahora no he escrito my primer Twitter).  Fueron mis alumnos de Centrum Católica (donde hoy, lamentablemente, ya no enseño) los que me lo hicieron notar.  En RPP bromeaban con una inminente llamada del mismísimo Comandante Humala para que me incorporara a su equipo.  La llamada nunca llegó y la razón es muy clara: primero, porque yo no la esperaba y segundo, porque desde el fin de la primera vuelta hasta hace un par de semanas, dediqué muchas palabras a la necesidad de corregir las incongruencias del plan de gobierno nacionalista en materia de política económica para el eterno fastidio de algunos de los autores del Plan de Gobierno Original (PGO), entre ellos del mismísimo Jefe del Equipo Económico, Félix Jiménez, a quien con todo respeto le dediqué una columna en la versión escrita de Gestión (13/05/2011). 

Claro que no fui el único en señalar las carencias y contradicciones del PGO ni el más original ni el más mediático, menos aun el más inteligente. Pero allí estuve, diciendo mi verdad, y como consecuencia de ello, aunque sea en pequeñísima medida, el PGO se convirtió, luego de varios intentos, en una Hoja de Ruta que de aplicarse a pie juntillas tiene posibilidades reales de conjugar el crecimiento económico con el progreso y la mejora de la calidad de vida de la inmensa mayoría de peruanos.  Por mi papel de aguafiestas no pido ni perdón ni clemencia ni reclamo un aplauso.  Me basta y me sobre haber obrado de acuerdo con los dictados de mi conciencia.

 
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