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Oscar Sumar

Las universidades y el lucro: ¿es necesariamente malo tener “malas” universidades?

En Chile el TC ha declarado hace pocos días que es inconstitucional prohibir el lucro de las universidades, en una decisión que ha sido calificada como un “retroceso” en la reforma educativa de ese país. También en EE.UU. se cuestionan a estas universidades y –como es obvio- Perú no es una excepción.

plan b

¿Cuál es el problema con las universidades con fines de lucro? El tema es complejo, pero las universidades son percibidas como entidades que van más allá de lo económico. Pero dado que esto es poco probable de enunciar de forma objetiva, las “balas” contra la educación con fines de lucro ha venido por el tema de resultados.

En EE.UU. se ha encontrado que las universidades con fines de lucro tienen menor calidad que las universidades sin fines de lucro (dentro de las cuales están las estatales y las privadas sin fines de lucro). Hasta donde sabemos, no existe la información para el caso peruano, pero sí existe la idea bastante generalizada de que la educación brindada por “universidades-empresa” es peor.

Asumiendo que esto es cierto y efectivamente las “universidades empresa” son peores, eso no explica: (i) ¿por qué hay tantas universidades empresa (malas)? y (ii) ¿por qué los alumnos se siguen matriculando en ellas?

La primera pregunta definitivamente tiene relación con los incentivos tributarios en ese sector. Si no se paga tributos, es evidente que se crea un incentivo para ingresar al mercado. Por otro lado, que hayan tantas y tengan ese nivel de calidad también se explica por la misma demanda. La demanda no es solo por universidades “buenas” que también son más caras (sea por el costo de matrícula o la dificultad de entrar), sino también por regulares o malas. Si las universidades públicas y privadas sin fines de lucro satisfacen la demanda por universidades buenas o regulares, es solo natural que las universidades-empresa cubran la demanda por universidades “malas”.

Si definimos como “mala” a una universidad que no genera retornos suficientes para que se justifique el gasto hecho por el alumno en educación, ¿por qué se sigue expandiendo este negocio? La visión más facilista es echarle la culpa a la irracionalidad de las personas. Sin embargo, podríamos tomar unos minutos (o años) en pensar e investigar qué lleva a las personas a estudiar en un lugar con poco o ningún retorno económico…

Primero, podríamos asumir que esta persona no tiene los recursos necesario para estudiar (en dinero, tiempo o IQ) en una universidad “cara” es decir, “buena” (recuerden que hemos definido como “cara” no solo la que cobra más sino también la que es más difícil ingresar, como una pública). Su opción real, entonces, es entre no estudiar y estudiar en una “mala” universidad. Asumamos también que no tener retornos suficientes no es una certeza, sino una posibilidad. Digamos (solo para efectos del ejemplo) que en una “buena universidad” tengo 80% de posibilidades de conseguir un buen trabajo y en una “mala” tengo 40%. ¿Qué explicaría entonces mi decisión?

Una explicación posible es que 40% de posibilidades estudiando en una mala universidad es mejor que las posibilidades que tiene invirtiendo ese dinero en otra alternativa (distinta a estudiar), por ejemplo, poner un negocio o comprar bitcoin. Quizá las probabilidades de retorno suficiente en esos otros casos sea menor, es decir, tengan un riesgo incluso mayor. Recordemos que no estamos comparando a 40% con 80% (el precio es prohibitivo), sino a 40% con no estudiar.

Otra explicación es que los retornos de estudiar no son solo económicos. Si lo pensamos un rato, se nos pueden ocurrir motivos sorprendentes y algunos no tan sorprendentes de por qué las personas quieren estudiar: para aprender cosas (esto explicaría por qué personas que están fuera del mercado laboral, como ancianos o millonarios, igual estudian), para conocer el amor de sus vidas, para no estar aburridos todo el día en sus casas a falta de trabajo, por estatus social (puede ser que alguien quiera ser el primero en su familia en ir a una universidad), etc., etc., etc.

El retorno social de la educación puede que tampoco sea el ideal. Probablemente su nivel de investigación será bajo o nulo. Sin embargo, ¿el retorno sería cero? ¿No existe, acaso, un beneficio de tener a personas ocupadas, aunque sea, en temas distintos a la delincuencia?

Quizá no sea tan malo para la sociedad, después de todo, que hayan universidades “malas”, a pesar de no ser la situación ideal. Quizá es mejor que la alternativa de simplemente tener menos universidades. No pretendo hacer una defensa de las “malas” universidades, solo digo que podríamos ser más empáticos (e incluso racionales) al evaluar los pros y contras de la existencia de universidades que nosotros califiquemos como “malas”. Hay que tomar en cuenta, además, que cuando hablamos de “malas” universidades, por más que nos basemos en datos objetivos (que en este caso no existen en Perú, en relación a las universidades con o sin lucro), aun así estamos eligiendo arbitrariamente los parámetros para dicha definición. Quizá la definición que tenemos como sociedad de “mala” no coincida con la evaluación que hace cada persona al decidir estudiar en una universidad.

Finalmente, podrían ser medidas aconsejables, superiores a prohibir la inversión privada en educación superior: (i) que el Estado invierta más en educación; (ii) que se quite el financiamiento estatal de las universidades con fines de lucro y (iii) que se regule la publicidad –y métodos de reclutamiento en general- de las universidades con fines de lucro. En esto último, coincidimos con este estudio publicado por investigadores expertos en educación de la Universidad de Harvard.

 

Correcciones: (i) en Chile las universidades siempre han sido (y siguen siendo) sin fines de lucro. Lo que decidió el TC chileno fue sobre la posibilidad de que entidades con fines de lucro formen parte del directorio (controlen) universidades sin fines de lucro. (ii) En Perú las universidades con fines de lucro sí pagan impuestos. Hasta 2012 tenían crédito tributario, pero fue derogado. En 2014 lo reinstauraron pero es casi imposible de acceder. Entonces, aunque mantengo la idea de que hasta antes de la moratoria el surgimiento de universidades con fines de lucro puede haber sido influenciado por este beneficio, retiro mi “recomendación” final sobre la eliminación de beneficios.

 

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