Menú Legal

Oscar Sumar

El verdadero costo del Covid-19: democracia y eficiencia (o por qué el modelo sueco es el mejor)

He pasado toda mi vida profesional evaluando la conveniencia de las políticas del gobierno. Este tema es uno que considero muy personal, dado que soy muy sensible a que el gobierno (o cualquier persona) me diga qué hacer. Valoro mucho mi libertad y considero que es el valor más importante en una sociedad, por lo que no acepto ser privado de ella de forma arbitraria. Por tanto, busco que las decisiones del gobierno siempre sean racionales. Desde que me enteré de la gravedad del Covid-19, a comienzos de abril, le he dedicado muchas horas a leer y pensar al respecto, llegando muchas veces a conclusiones contradictorias que he tratado de afinar en estas semanas. El Covid-19 no solo es el reto principal que hemos afrontado muchos de nosotros, también es el mayor reto “regulatorio” que ha afrontado el mundo, por lo que considero que tengo una especie de “llamado” también en dar mi opinión, a pesar de que ésta no sea entendida o valorada por la mayoría. En este ensayo, he tratado de resumir mi postura hasta este momento, regresando a las bases de lo que he aprendido en más de diez años de estudiar la regulación:

Últimamente he leído ensayos de profesores muy reconocidos en regulación como Eric Posner, donde sostiene que un mes adicional de cuarentana estricta se justifica ampliamente, en base a un “análisis costo-beneficio”; dado que las pérdidas económicas causadas por la cuarentena serían de usd 367 billones y los beneficios -calculados por vidas salvadas- serían de usd 407 billones en el peor escenario y de usd 1.15 trillones en el mejor.

Este cálculo se basa en el modelo usado por el gobierno de USA y asume que -ante la ausencia de cuarentena- no habría mitigación. También asume que la actividad económica sería normal, en ausencia de cuarentena. Ambas premisas son evidentemente incorrectas. Sin restricciones, las personas no dejarían de mitigar; con los impactos (ambiguos) en la salud y en la producción que esto conlleva. En pocas palabras, en gran medida, es el virus el que causa las muertes y la disminución de la producción, no las medidas restrictivas (o laxas) de los países.

Pero incluso existe una forma más transcendental en que dicha comparación es incorrecta. El tipo de “análisis costo-beneficio” usado por Posner no es realmente un análisis costo-beneficio, sino una medición de efectos. Estos efectos tienen relevancia económica y social, pero no son propiamente “costos” en el sentido económico (pérdidas de eficiencia):

  • Las “pérdidas económicas” (de producción) no son propiamente costos en el sentido económico. Si las personas dejan de gastar o las empresas dejan de pagar sueldos, eso no es un costo en el sentido económico, sino redistributivo. Las personas están conservando el dinero antes que transfiriéndolo, pero eso no significa que desaparezca. En otras palabras, estamos considerando como costos “transferencias equivalentes”. Un error de manual (les dejo un manual, para que lo lean ustedes mismos).
  • Por otro lado, en el mismo sentido, ¿las muertes significan costos en términos económicos? Solo en la medida que ese resultado sea inducido por una falla de mercado o una falla del Estado. Esto es natural, porque la acción del gobierno (sobre la cual se realiza el “análisis costo-beneficio”) solo se plantea en escenarios donde es necesario corregir alguna falla. Lo que se mide es el costo de la intervención vs. el beneficio de la intervención. Si no hubiera falla que corregir -y por tanto acción del gobierno- ni si quiera haríamos el ejercicio de medir costos y beneficios de la acción o inacción del gobierno. En caso contrario, piensen en el absurdo al que llegaríamos: el gobierno prohibiendo cualquier actividad, porque cualquier actividad significa aumentar el riesgo de morir, en muchos casos en mayor medida que el aumento marginal en el PBI producto de realizar dicha actividad. Quizá hemos llegado a ese absurdo (¿?).

Seguro economistas me querrán crucificar por decir esto (o simplemente, dirán que soy un ignorante). Después de todo, muchos de ellos dedican sus vidas a medir los “costos” en pérdidas del PBI y vidas de cada política pública. Estos estudios son llamados “costo-beneficio” y se basan en muchos conceptos que son equivalentes a los utilizados en un (real) análisis costo-beneficio como “disposición a pagar”, pero eso no quiere decir que sean “realmente” análisis costo-beneficio. Pero tranquilos, no estoy diciendo que esas mediciones sean inútiles, sino simplemente que no son parte -en sentido estricto- de un análisis costo-beneficio.

Además de no ser costos en el sentido estricto, las “pérdidas” producidas por el Covid-19 son en gran medida inevitables. Incluso el famoso estudio de Imperial College London que llevó a todo el mundo a cerrar sus economías, dice que ambas estrategias -cerrar o no cerrar la economía- tienen grandes costos: “La supresión, aunque ha sido exitosa hasta la fecha en China y en Corea del Sur, conlleva enormes costos sociales y económicos que pueden tener impactos enormes en la salud y en el bienestar a corto y largo plazo”.

En ese sentido, la decisión de cerrar o no cerrar, más que diferencias gruesas en números de muertes y pérdidas de productividad, lo que nos da es diferencias en otros aspectos de la vida en sociedad, que veremos en más detalle enseguida.

Entendiendo la ineficiencia de la cuarentena

La eficiencia (el concepto relevante para medir los costos y beneficios de forma correcta) es un concepto difícil de entender y más aún aplicar. He encontrado un ejemplo que -creo- ayudará a entenderlo: un actor hindú quería repartir 800 euros entre los más pobres. Se le ocurrió poner el dinero en bolsas de 1kg de harina y anunciar que estaba regalando 1kg por familia. Como es poca harina, solo las personas más la necesitaban se tomaron el trabajo de ir a recoger la harina, logrando así que solo ellos recibieran los 800 euros. La estrategia es brillante y encapsula el concepto de eficiencia: “asignar los bienes a sus usos más valiosos”.

El principal costo económico de la cuarentena se debe medir en eficiencia, no en reducciones del PBI o muertes (que ni son costos, ni desaparecerían por levantar la cuarentena). Sin cuarentena, solo las personas menos aversas al riesgo y que más lo necesitaran realizarían actividades económicas: tanto como proveedores de bienes y servicios, así como compradores. Las personas decidirían por ellas mismas, haciendo su propio balance de costos y beneficios, “activando” aquellas actividades que es inherentemente más valioso activar. En otras palabras: “asignando los bienes a sus usos más valiosos”.

La aproximación del gobierno peruano (y la mayoría del mundo) es al revés: en principio, todo está cerrado por decreto, salvo que se exonere. Esto, a su vez, genera el problema de que todo se debe abrir por decreto. ¿Qué incentivos o información tiene un funcionario público para abrir la economía por decreto? ¿Cómo sabe cuáles son los usos más valiosos? Sería como que el actor hindú tuviera que elegir a dedo a quién dar los 800 euros y a quién no. Serían los mismos 800 euros, pero no a las personas que los valoren más. Esa sería la pérdida: eficiencia, sumado a la pérdida de libertad (valores democráticos) que supone.

Los beneficios de la cuarentena

En un análisis costo-beneficio hecho de forma correcta, los costos son las pérdidas de eficiencia y éstas ocurren cuando existen fallas de mercado. La falla de mercado más obvia es que existen externalidades asociadas al contagio de Covid-19. Por ejemplo, una persona joven de una familia decide ir a trabajar y al regresar contagia a su papá (adulto mayor). ¿Existen las externalidades dentro de una misma familia? Difícil de argumentar, ellos actúan como una unidad, pudiendo tomar decisiones en conjunto e internalizando los costos. Pero también podemos contagiar a personas fuera de nuestra familia, que asumirían así el costo de nuestras decisiones “riesgosas”. Para eso, el gobierno podría asumir algunas medidas, lo menos restrictivas posibles, como obligar a todos a usar mascarillas. Todas las demás reglas parecen ir mucho más allá de lo necesario para evitar dicha externalidad.

Por otro lado, precisamente porque a todos nos da miedo el virus y la posibilidad de contagiar a nuestros familiares (al menos, asumiendo que somos egoístas), todos tomaremos medidas de precaución y demandaremos medidas de precaución por parte de otras personas (y negocios) con los que interactuemos. Como la “seguridad” será más demandada, también aumentará naturalmente la oferta de seguridad e incluso la competencia por ver quién ofrece más seguridad, como un atributo diferenciador entre marcas, por el que la gente está dispuesta a pagar un adicional (esto ya está ocurriendo).

¿Qué pasa con el jefe que me obliga a trabajar? Aunque suene duro, uno siempre tiene la opción de renunciar. De hecho, gran parte de la población se va a quedar sin trabajo de cualquier forma (o no puede trabajar por las restricciones del gobierno), así que hay que ver los dramas personales en perspectiva.

Suecia es el mejor modelo

Por lo descrito anteriormente, Suecia es el mejor modelo y es el modelo que pronto terminará asumiendo todo el mundo. De hecho, incluso la OMS ha dicho que Suecia es el modelo a seguir. Suecia no tendrá muchas menos muertes, ni reducción del PBI. Lo que Suecia ha ganado es preservación de los valores democráticos que son tan importantes en una sociedad occidental y -de paso- eficiencia, que es el verdadero estándar para medir costos y beneficios desde una perspectiva estrictamente económica (ver explicación completa de su modelo, aquí).

Muy bonito y todo, ¿pero esto es aplicable a un país como Perú?

Cuando digo que Perú debería seguir el modelo sueco, muchos me responden -rápidamente- mostrándome cifras sobre la cantidad de muertes en Suecia (no sé qué quieren decir exactamente, porque sus números no difieren mucho de la medida en un país industrializado) y también me enseñan objeciones de los mismos suecos a su modelo (lo cual es obvio, no creo que sea fácil aceptar que tus gobernantes son unos genios o los únicos idiotas del mundo).

Otro tipo de objeción se refiere a la comparación: Perú no es Suecia (¿se puede ser más obvio?). Suecia ha implementado una estrategia donde la población confía en el Estado. Además, tienen mayor capacidad hospitalaria.

Esto pierde de vista varias cosas, por lo que intentaré ir en orden:

  • La estrategia adoptada en Perú es un intermedio entre las estrategias china y la recomendada por ICL a Gran Bretaña y USA. Esta estrategia tiene dos características: es profundamente antidemocrática (esto lo sacamos de los chinos) y es pensada para un país rico. Lo dice el mismo reporte del ICL: “Presentamos los resultados para Gran Bretaña (GB) y para los Estados Unidos (EE. UU.), pero son igualmente aplicables en la mayoría de los países de altos ingresos. Por tanto, no tiene sentido criticar una estrategia alternativa por no ser específicamente pensada para Perú o aplicada en lugares comparables: diferimos tanto de Suecia como de China u otros países ricos.
  • Por otro lado, pierde de vista que las estrategias suponen variaciones de grado que -en última instancia- no generan grandes cambios en los números “gruesos”. La aproximación sueca gana en eficiencia y en democracia (que no es poco), pero en todo lo demás es básicamente igual, por lo que mencionamos al comienzo: en gran medida, es el virus el que causa muertes y reducción del PBI, no las medidas adoptadas por los gobiernos.
  • Existen estudios muy prestigiosos, incluso de investigadores de Harvard en la reconocida revista Lancet que argumentan bastante convincentemente que la mejor estrategia en un país en vías de desarrollo era la sueca (sin cuarentena estricta y generalizada, sino focalizada, solo en caso sea necesario), precisamente por las características específicas de dichos países. Los países industrializados pueden darse el lujo de cerrar sus economías y pueden confiar en sus sistemas de salud y soluciones tecnológicas para -eventualmente- salir de la cuarentena. En un país como Perú, no podemos. Además, las pérdidas de PBI podrían tener un impacto incluso mayor en la vida y salud en nuestros países, lo cual no es un costo económico, pero eso no quiere decir que no sea algo a tomar en cuenta al decidir. Es decir, es más factible decidir entre “vida o economía” en un país rico. En un país pobre es más como “vida o vida”.
  • Principalmente, pierde de vista que Suecia es el único país que ha realizado un adecuado balance de costos y beneficios de la pandemia: la preservación de la democracia y la eficiencia deberían ser la prioridad, porque realmente es lo único que podemos cambiar y hacer mejor. En lo demás, el Covid-19 es un tsunami que arrasará a todos (casi) por igual.

¿Cómo le está yendo a Perú?

Perú, decidió adoptar el modelo euroasiático en lugar del sueco. Algunos creen que lo está haciendo bien, porque se salvaron vidas (hasta ahora). Otros creen que mal, porque no se salvaron suficientes y porque el país está paralizado.

Ambos están mal. En base a estos indicadores, a Perú le está yendo más o menos igual que a cualquier otro país, como no podía ser de otro modo. Si ajustamos hacia arriba o hacia abajo, seguiríamos estando más o menos igual; más aún si se evalúan los resultados en el mediano o largo plazo.

Pero estos indicadores pierden de vista el valor de los derechos y no son los relevantes en términos (estrictamente) económicos: Perú está perdiendo eficiencia al mantener cerrada su economía y está perdiendo democracia al normalizar la situación en la que el gobierno nos puede obligar a mantenernos en nuestras casas, asumiendo que no somos responsables de nuestras propias vidas, ni de nuestras familias. Ese es el verdadero costo de la cuarentena y es un costo muy difícil de medir, no como pretenden hacer algunos expertos en regulación o economistas, tomando números gruesos que no significan realmente costos, ni beneficios.

El verdadero costo es más estructural, más importante y más difícil de medir; casi como un reflejo poético de su importancia comparativa: democracia y eficiencia.

COMENTARIOS

  • 1
  • 16.05.2020
  • 11:13:07 hs
Andrés A. Escalante

Profesor Sumar,

Saludo el notable esfuerzo en remitir una opinión educada al respecto. Coincido con mucho de lo que usted comenta y analiza; y sobretodo con el espíritu del texto. En su momento, trataré de abordar las coincidencias, como también mis discrepancias. De estas, tengo una que no puedo dejar pasar por alto y que se encuentra en el siguiente párrafo: “Por otro lado, precisamente porque a todos nos da miedo el virus…todos tomaremos medidas de precaución y demandaremos medidas de precaución por parte de otras personas…”. Demandar medidas a otra persona contradice el espíritu libertario. Nosotros podemos protegernos, pero no podemos obligar a que otros se protejan. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es evitar a quienes no quieran hacerlo. Siempre tenemos la opción de no saludarlos de cerca; no recibirlos y tratar con ellos; guardar una distancia prudencial de ellos; etc. Ahora, si hablamos de relaciones laborales, entraría a primar la política empresarial que debería favorecer la seguridad de la mayoría; pero ello ya es otro cantar.

Lo felicito, una vez más.

Andrés Escalante

  • 2
  • 17.05.2020
  • 11:52:45 hs
Octavio Espinosa

Gracias al Profesor Sumar por su comentario sobre un tema complejo. Creo que está claro que no hay solución ideal, y que ninguna solución adoptada por un país podrá ser calcada para su aplicación perfecta en el Perú. Cada país es diferente y eso no cambia porque haya una pandemia. El Perú tendrá que avanzar por ‘ensayo-error’, mirando lo que pasa en otros lugares.

Solo una precisión sobre el comentario del Sr. Andrés Escalante, quien comentó (arriba) que “Demandar medidas a otra persona contradice el espíritu libertario. Nosotros podemos protegernos, pero no podemos obligar a que otros se protejan.” Creo que lo que quiso decir el Prof. Sumar es que podemos demandar que los demás tomen medidas de precaución no solo por ellos, sino por nosotros. Por ejemplo, si un tercero no usara mascarilla podría contagiarse. Ese es su problema. Pero si no usa mascarilla, también podría contagiarme a mí. En este momento creo que yo sí tendría el derecho de exigir que el tercero tome las medidas para no contagiarme.

Saludos cordiales.

Octavio Espinosa

  • 3
  • 17.05.2020
  • 06:57:01 hs
Carlos Alberto

Estimado Columnista.

Primero felicitarlo por darse el trabajo de investigar el modelo sueco y hacerlo llegar, pero también desearía aportar en el sentido que en el campo de la sociología y la psicología, el comportamiento de las personas es a lo que se debe poner interés especial, mediante la prensa televisiva sobre todo ya que los directores de prensa de los canales de señal abierta solo emiten noticias sensacionalistas y no contenido de cómo mejorar nuestro comportamiento, no se ve iniciativa en ideas.
Por ejemplo propongo la instalación de grandes paneles publicitarios mostrando imágenes de que sucede si se práctica la empatía y sino lo contrario ver más pérdidas humanas.
Otro punto que he notado es que el mensaje de responsabilidad parece no llegar a los jóvenes desde los 18 hasta los 30, pues este segmento se cree invulnerable y es allí donde la prensa esta vez radial que llega a ellos simplemente parece no importarle transmitir contenido de responsabilidad.

Bueno felicitarlo nuevamente por el trabajo presentado muy bien elaborado.

Atte.

Carlos Alvarado Loayza

  • 4
  • 17.05.2020
  • 07:17:33 hs
Edison Huamanculi Salcedo

Buenas noches estimado Oscar
Coincido con sus comentarios, el impacto del coronavirus es inevitable, lo que corresponde a nuestro país es aplicar el modelo sueco, preservar la democracia y eficiencia económica.
Es de conocimiento que el sistema de salud, de transporte y casi todos los sistemas de servicios públicos se encuentran colapsados, así mismo estimo que más del 70 % de nuestra PEA no tiene empleo formal. Nuestro país adolece de pobreza estructural. En ese sentido, el modelo anglo americano no resulta viable para nuestro país, y los impactos negativos de la cuarentena resultarán mayores a los propios efectos del coronavirus…

  • 5
  • 18.05.2020
  • 01:30:59 hs
Aldo

Es un artículo informado de lo que sucede bajo las luces , pero carente de eso que se llama esencia. Finalmente no deduce, propone ni plantea nada. Queda en la nebulosa de lo es en sí términos como democracia y eficiencia.

  • 6
  • 18.05.2020
  • 11:36:11 hs
Wilfredo

Es un análisis detallado y estoy de acuerdo con lo escrito. La estrategia que adoptó Vizacarra es la de alguien que prefiere el facilismo de la dictadura del miedo y, es también una estrategia diseñada para países ricos. ¿Cómo puede ser que la isla de Cuba tenga mejores resultados que el Perú?

  • 7
  • 19.05.2020
  • 02:23:37 hs
Gonzalo R. Moya V.

Sobre el texto que señala el comentario anterior, “demandar” allí no implica exigir por uso de la fuerza, sino tener una disposición a pagar por las medidas de precaución, que revelamos al preferir comprar algo más caro pero que sabemos es más seguro. Por ejemplo, preferir un pollo a la brasa de 50 soles cocinado por alguien que sí usaba mascarilla, sobre otro pollo de 40 soles cocinado por alguien sin mascarilla. Si ambos pollos son idénticos en sabor, tamaño etc, entonces esos 10 soles extra que pagamos voluntariamente son atribuibles en su totalidad a nuestra demanda por medidas de precaución.

Habría que acotar aquí que, si muchos tienen las mismas preferencias y el beneficio de las medidas de precaución son mayores que los costos, entonces los vendedores tienen incentivos para adoptarlas libremente. Sin embargo, si la disposición de la mayoría a pagar extra por las medidas de precaución es menor que la diferencia de precios, entonces más bien los vendedores tendrán incentivos a no adaptarlas para ser competitivos. De allí que sea necesario que a todos los vendedores se les obligue a adoptar las medidas de seguridad en lugar de esperar que ellos lo hagan por voluntad propia.

  • 8
  • 19.05.2020
  • 10:18:39 hs
Gonzalo R. Moya V.

Para aclarar, y siguiendo con el ejemplo del pollo, si los consumidores revelan con sus preferencias que solo están dispuestos a pagar 1 sol extra por un pollo con medidas de precaución, pero las medidas de precaución cuestan 2 soles o más, entonces la gente comprará en la pollería que es más barata pero menos segura, y la pollería más cara pero más segura tendrá que *adecuar sus estándares de calidad hacia abajo para ser competitivo* (este tema el Prof. Súmar lo ha cubierto en posts anteriores), a menos que el Estado intervenga para obligar a todos a usar medidas de precaución, y forzar con ello a que la adecuación de los estándares de calidad sea hacia arriba, de modo que todas las pollerías solo vendan pollos caros pero seguros.

DEJE SU COMENTARIO

La finalidad de este servicio es sumar valor a las noticias y establecer un contacto más fluido con nuestros lectores. Los comentarios deben acotarse al tema de discusión. Se apreciará la brevedad y claridad.


No se lee? Cambie el texto.


TODOS los blogs


Pluma Laboral

Alonso J. Camila

Economía e Integridad

Carlos Bustamante B.

Aprendiendo - nivel CEO

Francisco Pinedo

Portafolio Global

BlackRock

Menos face más book

Rafael Zavala Batlle

Visiones para el desarrollo

CAF –Banco de Desarrollo de América Latina

Te lo cuento fácil

Alumnos de la Universidad del Pacífico

Más allá del efectivo

Felipe Rincón

Mujer, ejecutiva y trasgresora

Zendy Manzaneda Cipriani

Revolución digital

Pablo Bermudez

Economía desde el campus

Grupo Económica

Síntesis legislativa

José Ignacio Beteta Bazán

La parábola del mudo

Javier Dávila Quevedo

Arturo Goga

Arturo Goga

Sumando Valores

Superintendencia del Mercado de Valores

@infraestructura

Rosselló Abogados

Minería 2021

Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP)

Conciencia Corporativa

Silvia Noriega

Agenda Legal

Estudio Echecopar

Perspectiva Forestal

Comité Forestal SNI y Comité de Madera e Industria de la Madera ADEX

Pensando laboralmente

César Puntriano

Auditoria del Siglo 21

Karla Barreto

Economía conductual

Bertrand Regader

Cultura financiera

Walter Eyzaguirre

Triple enfoque

Cecilia

Gestiona tus Finanzas

Giovanna Prialé Reyes

Segunda opinión

Eduardo Herrera Velarde

Parte de Guerra

Pablo O'Brien

El cine es un espejo

Raúl Ortiz Mory

Ruarte's - Washington Capital

R. Washington Lopez

Atalaya Económica

Manuel Romero Caro

Terapia de Pareja

Luciana Olivares

Próspero Perú

Gladys Triveño

Herejías Económicas

Germán Alarco

Inversión e Infraestructura

Director FRI-ESAN Sergio Bravo Orellana

Blog Universitario

Blog Universitario

Juegomaniáticos

Juan Pablo Robles

Gestión del Talento

Ricardo Alania Vera

Personas Power

Ana Romero

Millennials

Pamela Romero Wilson

Reglas de Juego

PIERINO STUCCHI

Humor S.A.

Jaime Herrera

Bitácora bursátil.

Equipo de Análisis de Intéligo SAB

Vivir Seguro

Asociación Peruana de Empresas de Seguros

El deporte de hacer negocios

Luis Carrillo Pinto

Zona de Intercambio

Julio Guadalupe

Innovar o ser cambiado

Andy Garcia Peña

Economía aplicada

Juan Mendoza

El Vino de la Semana

José Bracamonte

Carpeta Gerencial

IE Business School

Desafíos para el progreso

Banco Interamericano de Desarrollo

Innovación y Emprendimiento Tecnológico

Franklin Marcelo, CEO de Interfono

Diálogo a fondo

Fondo Monetario Internacional

Predio legal

Martín Mejorada

e-strategia

José Kusunoki Gutiérrez

Vinos, piscos y mucho más

Sommelier Giovanni Bisso

Evidencia para la gestión

Videnza Consultores

Palabra de Gestión

Julio Lira Segura

Impacto ambiental

Lorenzo de la Puente

Inversiones Globales

Carlos Palomino Selem

Moda Inc.

Daniel Trelles

Divina Ejecutiva

Fiorella

Menú Legal

Oscar Sumar

Analizando tus inversiones

Diego Alonso Ruiz

Reformas incompletas

Instituto Peruano de Economía

Empresa&Familia

Pablo Domínguez

Hoy sí atiendo provincias

Félix Villanueva - Aurum Consultoría y Mercado

Smart money

Luis Ramírez

Consumer Psyco

Cristina Quiñones

Gestión de servicios

Otto Regalado Pezúa

Marketing 20/20

Michael Penny

Mercados&Retail

Percy Vigil Vidal

CAFÉ TAIPÁ

Milton Vela

Anuncias, luego existes

Alexander Chiu Werner

Marcas & Mentes

Lizardo Vargas Bianchi

Riesgos Financieros

Gregorio Belaunde

Economía para todos

Carlos Parodi

De regreso a lo básico

Paúl Lira Briceño