Millennials

Pamela Romero Wilson

Paolo Rally: “No estás en edad para frustrarte”

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Cuando hacía mis prácticas en el área de marketing de Moschino conocí a Paolo Rally. En ese entonces ambos estábamos más jóvenes que hoy y nuestras ganas de vivir de la moda parecían ser las mismas. Paolo era mucho más entusiasta que nadie que hubiera conocido y todo lo que sabía era que quería seguir tomando fotos. Hicimos una mini editorial y hasta hoy cuando la veo quedo contenta con el resultado. Luego de eso fui observando la persona tan simple que es, y lo popular que son sus redes sociales gracias a su honestidad bien camuflada de humor perucho. Paolo es una persona como muchas con una historia como pocas, encuentre en esta entrevista una excelente excusa para repensar bien si está haciendo con su vida, lo que realmente quiere.

Paolo Rally es fotógrafo de moda y de publicidad. Afirma que tiene la fortuna de poder trabajar en lo que le encanta y que si realmente se le llega a conocer, uno puede sentirse muy cómodo con su compañía. Es “tranqui” y no le gusta adelantarse a problemas que aún no tiene. Estudió publicidad en el IPP y hoy crea campañas y editoriales de moda para las revistas más reconocidas del medio. Nos encontramos en el Pan de la Chola y y nuestra conversación se extiende lo que hubiera durado un partido de fútbol (si hubiera seguido su plan de ser futbolista a los 18 años). ¡Lea!

Me gusta mucho sentir las cosas y lo noto en mis fotos. Y ahí logro entender que soy muy emocional-

¿Cuándo te diste cuenta de eso?

El 2009-2010.

Y ¿qué hacías antes?

Yo me gradué del IPP, soy publicista “de profesión”. Trabajé en un par de agencias como redactor y en suma estuve metido en publicidad solo un año y medio. Aunque supuestamente eso era lo que yo quería hacer, un día mi mamá apareció en casa con una “pocket” morada, me llamó la atención y empecé a tomar fotos. Me di cuenta que los momentos en los que tomaba fotos me sentía inquieto; sentía que quería procesar algo más.

Trataba de crear imágenes asociadas a un solo mood, de plasmar cómo me sentía en las fotos que tomaba. Podría decir que sigo haciendo lo mismo.

Me queda claro. Pasas de ser publicistas a ser fotógrafo, un trabajo que podría parecer técnico a algún nivel…

Claro es como que están relacionados, de hecho yo pasé de escribir historias en texto a “escribirlas” en fotos. Me di cuenta que me comunicaba mejor con imágenes, y por eso creo que al final un fotógrafo es un comunicador también… su plataforma es visual.

Es verdad. ¡Incluso a veces la fotografía toca las líneas del arte!

Yo siento que puedo tomar fotos con mi cámara, con mi cabeza o con mi celular; pero siempre trato de darle un encuadre a todas las cosas que hago.

¿Alguna vez tomaste un curso de fotografía?

Yo no estudié foto nunca. Agarré la cámara de mi mamá y empecé a usarla; tomando fotos de la botella, la plantita, el perro, etc.

Entré a google como cualquier mortal y empecé a investigar qué técnicas podía aprender, qué estilos podrían inspirarme, qué tipos de acabado me gustaban, etc. Ahorré para comprarme mi primera camarita y así todo fue ocurriendo.

¿Cuándo te das cuenta que podías vivir de esto?

Empecé trabajando mucho en eventos, haciendo fotos de sociales. No pagaban mal y siempre lo veía como un método de generar ingresos y tener pase libre para poder hacer lo que quería. Claro que en ese momento lo veía por un lado más “económico”, por decirlo así. Tenía claro que no podía dedicarme a algo en específico y estar realmente satisfecho en el proceso, pues aún no sabía exactamente hacia dónde apuntar.

Y además trabajas…

No. Ya no trabajaba, un tiempo me dediqué solo a eso. Tenía 22 o 23 años; y mi papá de hecho me decía “no quiero que acabes tomando fotos en quinceañeros” (risas)

¡Qué divertido!

Lo es y lo fue. Nunca estuvo todo plano, yo quería salir del IPP a la mitad de mi carrera, y mi papá solo pidió que la terminara, “termina tu carrera y después haces lo que quieras”, me decía.

Siempre dicen lo mismo… Pero regresemos a la pregunta ¿cuándo te das cuenta que esto iba en serio?

El 2013 puse un estudio de fotos con un socio. Eramos muy amigos del IPP, él era el ordenado y y el creativo por decirlo de algún modo. Al final nos dimos cuenta que por más ganas que le poníamos al final ganábamos un sol, el estudio estaba el Larco (casi al costado dle Marriot). El alquiler nos mataba y regresamos a casa con S/200.00.; una época en la que ya tienes que empezar a pagar cosas en tu casa…

Claro. Es fuerte fracasar en un emprendimiento pero es aleccionador. ¿Qué hiciste luego?

Fue una patada fuertísima dejar el estudio, Bernardo y yo le pusimos muchísimo cariño y ganas.

Podría decir que hasta perdí las ganas de seguir en esto, todo ese esfuerzo dedicado a algo que no pudo ni florecer, es jodido. Dejé de tomar fotos, y a los 2 meses, por necesidad económica y personal, entré a Phantasia.

Wow. ¡Es una gran agencia!

Sí, de hecho lo es. Al inicio me dio tranquilidad, pues tenía un fijo que me caía todos los meses y lo que hacía no era algo aburrido. Pero no estaba contento.

¿Porqué no estabas contento? La gente ahí es divertida, son amables…

De hecho sí, pero no era eso; era simplemente que yo sabía que no estaba haciendo lo que me gustaba.

Hacía fotos para las fiestas de barranco Meneo y Matadero; lo cual me sirvió para conocer muchísima gente.

De la nada un día me llama la PR de Noe Bernacelli…

Noe es uno de los diseñadores más exigentes del medio..

Y entonces la hice. Ese fue mi primer trabajo de moda oficial.

¡Tiempo! Yo me acuerdo de esas fotos, fueron en el Centro de Lima con Lorena Larriviere ¿no?

Sí.

Esas fotos son hermosas. ¡Son muy buenas, mira como las recuerdo!

¡Gracias! Recuerdo que el día de las fotos nunca había trabajado con un equipo tan grande, los nervios eran gigantes.

Es entonces cuando me di cuenta que prefería regresar a vivir con un bajo presupuesto, apostando por algo que me apasionaba, a vivir haciendo algo que me mantenía amargado todo el día (amargado conmigo mismo ojo, nunca estuve en contra de nada ni de nadie). Recuerdo que a los 4-5 meses me junté con Luis Cueto, mi jefe de aquella época, y le dije que me iba a finales de Noviembre.

Le tuve que explicar la verdad, y era que estaba frustrado. Le dije que sentía que el tren se me iba a ir, estaba desesperándome.

Luis me dijo algo que me hizo renunciar de verdad y ya no meterme en nada que no me gustara: “No estás en edad para frustrarte, tienes 24, no puedes estar frustrado”.

¡Claro!

Entonces renuncié. Me volví desempleado y comencé a hacer portafolio. Le escribía a modelos que conocía para hacer fotos y más fotos; y sin darme cuenta, me habían llamado del Jockey Plaza.

Fui al día siguiente, y me contrataron. Estaba haciendo lo que me gustaba, y podía tener un sustento económico para poder sentir algún tipo de estabilidad. ¡Era mi primer cliente masivo! A los 3 meses me llamaron de la UPC, me volví profesor de fotografía publicitaria y yo no podía creer nada.

¿Cuál crees que fue la diferencia, qué hizo que te escogieran a ti en el Jockey Plaza?

Creo que vieron que tengo habilidad y predisposición para solucionar problemas. Se malogra un flash y ya ok, “como hacemos”; no hay tiempo para llorar en leche derramada.

En las sesiones de fotos puede pasar de todo, pero la actitud ante ello es BÁSICA.

Yo creo que tu transmites seguridad. Es la química.

Me llevo bien con todos.

¿Tu crees que el rubro de lo que haces está saturado?

Lo que pasa con Lima es que hay mucho talento, la gente es capa pero no hay tanta demanda. Eso lo hace competitivo. Tienes dos clientes grandes y hay 300 fotógrafos.

Y creo que no se trata de bajar precios entre nosotros para poder quedarte con él, sino de subir tu calidad para que te puedan echar el ojo y querer lo que tú haces.

La idea de que algo este bien en fotografía es algo completamente subjetivo. ¿Cómo manejas eso?

Al final el director es uno mismo. No siempre, pero muchas veces sí. El fotógrafo y todos son piezas clave.

¿Crees que la fotografía puede influir en otras personas a otro nivel? 

La fotografía comercial y artística tienen una diferencia muy marcada. La artística conecta a otro nivel sensorial y emocional, sin lugar a dudas.

¿Cuál es tu sueño con todo esto? ¿Hasta dónde puedes llegar?

En fotografía no lo sabes. Yo no quiero seguir en Lima, espero trabajar fuera, salir. ¡Irme!

Igual tengo 3 años tomando fotos, reconozco que estoy en pañales.. ¡Hay otro que tienen 30 años en esto!

Haces bien tu día a día…

Exacto. Sobre todo quiero vivir día a día con la tranquilidad que mi trabajo vale, que son cosas bien hechas. Saber que lo que te doy es lo mejor que puedes tener.

¿Eres exigente contigo mismo?

Sí. Me agarro a “latigazos” todo el día (risas).

Soy de las personas que no siempre está contenta con su obra, aunque para otros sea buena.

¿Crees que un fotógrafo puede ser un editor?

Sí. La verdad sí, no lo había pensado.

Es que al final del día, uno piensa que se define de un modo, pero hoy por hoy ya no sabes en lo que te puedes convertir…

Exactamente Pam.

A los 15 quería ser chef. Cuando tenía 18 quería ser futbolista y lo tomé muy en serio; jugaba en las juveniles del Melgar y tenía hasta un proyecto nutricional para que me mandaran a Arequipa a hacer pruebas.

Y ahora, hace poco hice una campaña con Ana María Guiulfo, donde yo fui el director de fotografía. ¿Me entiendes?

¡Muy bien! ¿Buscas inspiración conscientemente?

Paso mucho tiempo pensando en el sujeto. Veo mucho la calle, de hecho me encanta la foto documental; captar el momento exacto. Y al final, cuando llevas eso a moda, todo sale espectacular. Mi referencia más marcada hasta ahora es Peter Lindbergh.

Uno se tiene que alimentar, es así de simple.

Si no comes, no creces.

Gracias Paolo. 

A tí.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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