Riesgos Financieros

Gregorio Belaunde

Ética y Gestión de Riesgos

A primera vista uno podría pensar que el tema de la ética no tiene mucho que ver con el de la gestión de riesgos y aún menos si se trata de riesgos financieros. Pero en realidad sí están muy relacionados, y ello a través de varios mecanismos, como veremos a continuación.

Muchos habrán oído hablar de casos de fraudes cometidos por personal de diferentes empresas que en algunos casos les causaron grandes pérdidas, y a veces hasta la quiebra. El fraude interno es una de las variantes más conocidas del llamado riesgo operacional, que es definido en el acuerdo internacional llamado Basilea II, aplicable a los bancos y otras instituciones financieras similares, como “la posibilidad de ocurrencia de pérdidas debido a procesos inadecuados, fallas del personal o de la tecnología de información o a eventos externos”; es una definición general que puede aplicarse también fuera del sector financiero.
Este fraude interno fue lo que llevó por ejemplo a la quiebra del antiguo banco Barings en los 90as, y más recientemente a grandes pérdidas para el banco francés Société Générale, en el famoso “affaire Kerviel”. A menor escala, quién no ha oído hablar de casos de robos cometidos por el personal de diferentes tipos de empresas, muchas veces por su acceso a la contabilidad: no sólo hay los casos célebres, también están las desventuras que muchas Pymes pueden conocer en todo el mundo.
Si se produce un fraude interno, la falta de principios éticos de la persona que lo realiza es el factor más decisivo. Es por ello que en los principios de buen gobierno corporativo y de buena gestión del personal se insiste mucho en la idea de que los directivos y el resto del personal no presenten debilidades al respecto.
El problema es que muchas veces la tolerancia de los máximos dirigentes para con las conductas abiertamente antiéticas bajo pretexto de la obtención de buenos resultados por quienes las tienen puede contribuir a que los más altos directivos de una empresa terminen siendo cómplices de las ideas “creativas” y de las prácticas fraudulentas de estos ejecutivos
Es lo que sucedió de manera especialmente caricatural en el affaire del grupo energético Enron, la quiebra más famosa de inicios de siglo, que arrastró igualmente en su caída al gigante mundial de auditoría Arthur Andersen: los dirigentes de Enron le habían dado demasiado poder a su Director Financiero, entusiasmados por sus resultados, a pesar de que ya tenía fama de “destruir” a quien se le pusiera en el camino y éste los condujo por la senda de complejos montajes contables. Estas operaciones, efectuadas con la anuencia de personal y directivos de Arthur Andersen atraídos por el gran negocio que representaba para su firma, engañaban a los inversionistas sobre la situación real de la empresa.
Varios bancos que participaron con entusiasmo en esos montajes vieron su reputación mellada, además de sufrir grandes pérdidas por su gran exposición a Enron.
Con este caso estamos entrando al otro gran tipo de riesgo relacionado con los problemas de falta de ética: el riesgo reputacional. Es decir los daños que una empresa puede sufrir en razón de un golpe a su reputación. Por supuesto, la falta de ética no es la única fuente de riesgo reputacional (pueden serlo también por ejemplo grandes fallas en la calidad de sus productos), pero no deja de ser una de sus fuentes más significativas. Y aunque no se suele poner al riesgo reputacional entre los riesgos financieros, pues muchas veces su impacto es difícil de medir de manera inmediata, en realidad puede tener consecuencias financieras muy graves, sobretodo cuando una empresa ha actuado de manera antiética.
Los ejemplos no faltan:
. los juicios multimillonarios que sufrió la industria del cigarrillo en los EE.UU., sobretodo al descubrirse que varias empresas conocían muy bien las propiedades adictivas del tabaco y que buscaban acentuarlas
. las contaminaciones severas producidas por empresas de la industria químico-farmacéutica en Bhopal (1984, con miles de víctimas) en la India o Seveso (1976) en Italia: las empresas en causa agravaron su situación al verse que tenían poca consideración por la seguridad de las poblaciones vecinas y que tampoco mostraron mucha por sus víctimas después, buscando esconder/minimizar su responsabilidad; en ambos casos algunos ejecutivos terminaron además condenados a prisión.
. los juicios que han afectado a unos 17 bancos en EE.UU., por haber vendido activos “tóxicos” (por su mala calidad crediticia) a inversionistas, con conocimiento de causa, pues en varios casos, hasta hacían apuestas contrarias a estos activos; no fue sólo su reputación la afectada, sino lo están siendo sus cuentas por las fuertes indemnizaciones que se ven obligados a pactar con la Justicia de ese país.
. el famoso caso reciente del “chuponeo” telefónico organizado por el periódico británico News of the World del grupo Murdoch, caso que provocó su cierre y terminará probablemente afectando a otras publicaciones del grupo por una reacción de rechazo a este en su conjunto.
Las consecuencias financieras no se materializan necesariamente de manera inmediata; una empresa a la cual se le descubre un comportamiento marcadamente antiético puede terminar perdiendo colaboradores clave, clientes, proveedores, valor en bolsa, y hasta sus líneas de crédito y caer en decadencia más o menos rápida o volverse presa fácil de una compra hostil por un competidor. 
Muchas empresas no le prestan suficiente atención al riesgo reputacional en general porque es difícil de medir, y por ello tampoco acostumbran tener mucho cuidado con el comportamiento de sus ejecutivos, sobretodo si obtienen buenos resultados; en esos casos, no se les suele cuestionar nada y en caso de problemas posteriores, hay una tendencia a refugiarse en el argumento de que “no había nada ilegal”, como se vio con varios bancos de inversión norteamericanos.
Y en nuestro país y en nuestro continente también hemos tenido, tenemos y podemos tener situaciones similares a las descritas. Muchos de nestros países presentan serias debilidades institucionales, que pueden hacer caer en la tentación de la impunidad; pero es un error creer que eso siempre funciona.
Más vale hacerse preguntas sobre si algo está bien o está mal (y no sólo si es “legal”) y alentar el debate interno, pues también puede haber casos poco obvios a primera vista, que lamentarse después. Eso es también parte de una buena gestión de riesgos.
 

COMENTARIOS

  • 1
  • 21.03.2012
  • 07:01:06 hs
Luis Miguel

Gregorio,

Interesante y útil la información de este artículo. Definitivamente es el riesgo a la imagen y el prestigio de la institución el daño mas grave de no considerar aplicar un modelo de gestión para incentivar el comportamiento ético en las organizaciones.

Una consulta, sería muy interesante compartir en base a tu experiencia algunas estrategias que pudieran aplicar internamente las organizaciones a fin de cultivar el comportamiento ético. Existen algunas conocidas como contar con un Código de Etica, capacitaciones, etc. Tal vez pudiera ser motivo de otra publicación.

Gracias
Luis Miguel

  • 2
  • 22.03.2012
  • 10:42:00 hs
Ismael Quispe H.

La ética es el reflejo de la escala de valores de cada persona; por tal motivo hoy en día se evalúa mucho las actitudes de cada candidato en las entrevistas de trabajo, sin menospreciar sus aptitudes. Aún más cuando se trata de una entidad financiera donde prima la confidencialidad y confiabilidad.

  • 3
  • 27.03.2012
  • 06:33:57 hs
luis

Buenos Dias,

Seria de mucha utilidad que en el siguientes post trate netamente del Riesgo Operacional,dado que hay poco material que hable sobre este.

  • 4
  • 12.04.2012
  • 03:26:59 hs
Fernando Del Castillo D.

En efecto las brechas entre la ley y la justicia, o lo que es legal y lo que es ético, son dilemas que van más allá de las buenas prácticas de gestión empresarial, y conciernen de manera profunda los sistemas de valores inculcados en la educación durante todas las etapas de la vida. Tales cuestionamientos conciernen el sistema económico y político al que atacan no sin justicia los Indignados y otros movimientos similares. Un caso reciente de este tipo es el de los textos escolares y su forma de comercialización tanto por parte de las editoriales como de los planteles educativos. ¿Deben los maestros y directivos lucrar con base en la selección y demanda de los textos que usan?

Como siempre Gregorio nos pone temas muy aterrizados, pertinentes y que ojalá sean semilla de cambios; eso ya depende de nosotros.

  • 5
  • 26.11.2012
  • 05:25:25 hs
Mariella Torres

Estimado Gregorio:

Muy interesante y acertado este post acerca de la repercusión de la falta de ética y valores en la gestíón de riesgos de una empresa, sería muy interesante analizar de que forma afectaría también al riesgo crediticio, tomando como ejemplo al personal del área de negocios.

  • 6
  • 26.07.2014
  • 01:36:46 hs
Emilia Gallardo

Interesante el articulo, en las Entidades Estatales existe el código de ética pero no se aplica en el desarrollo de sus funciones, seria conveniente reforzar e incentivar en todas las organizaciones.
El riesgo a la imagen y el prestigio de la institución son muy importantes

  • 7
  • 26.07.2014
  • 04:24:19 hs
Leonardo Pérez Calle

En cuanto a este tema creo que tengo una idea muy clara, respecto al la ética, yo pienso que todo va los valores y principios, normas que son puntales del buen actuar dentro de los diferentes círculos de la sociedad, demás esta decir que este valor que es la ética debiera de estar imbuida ven cada elemento o persona, más aún si esta tuviera algún cargo que encierra responsabilidad tanto en el estamento estatal así como en el privado.
Como en estos tiempos campea la corrupción en las diferentes esferas de nuestra sociedad creo que sería interesante que dentro de la curricula educativa se contemplara un curso de ética y buenas costumbres que realmente nos hace falta.
Disculpen si me salí del tema pero siento verguenza ajena por todos los actos antiéticos y de corrupción que se ven a diario en nuestro querido pais.

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