Riesgos Financieros

Gregorio Belaunde

Inclusión Financiera de Verdad

Hace unos 10 días hubo un evento organizado por el Centro para la Inclusión Financiera (CFI en inglés)  que agrupa a numerosos actores clave de apoyo a las microfinanzas y quien lanzó la Smart Campaign con sus 7 principios de protección del cliente microfinanciero, y por Oikocredit, organización holandesa especializada en el financiamiento y asistencia técnica a instituciones microfinancieras, llamado “Trazando el Camino hacia la Inclusión Financiera en el Perú”. Un tema de gran interés puesto que a pesar de su notable performance en el campo de las microfinanzas, nuestro país sigue ostentando bajos índices de inclusión financiera, trátese de acceso a créditos o de productos formales de ahorro.


Hubo un aspecto que me generó cierta preocupación: pude
notar que durante las presentaciones y discusiones, no se mencionó mucho de
manera explícita al tema del
sobreendeudamiento;
y sin embargo es
uno de los desafíos claves para la inclusión
financiera sostenible
. Es decir aquella que permite a los nuevos incluidos
seguir siéndolo en el tiempo, sin perder esa condición.

Felizmente, para hacernos “tocar tierra”, hubo una
presentación de Oikocredit con la experiencia concreta de clientes, recordando
además el problema que significa la insistencia de muchas entidades en “atrapar” a los clientes ya incluidos por el sistema financiero no regulado en
nuevos créditos entregados sin mucho estudio. Dos empresarias clientas de
bancas comunales, una de Puno y la otra de Tacna, pudieron contar su mala experiencia
al respecto.

En su intervención la representante de Oikocredit  hizo bien en mostrar la gran cantidad de
créditos que se han “castigado” últimamente. Justamente uno de los problemas
que está aumentando es el de los nuevos clientes a los cuales se les da
créditos a como dé lugar, “insistiendo e insistiendo” como dijeron las mencionadas
empresarias. Luego, cuando las cosas van mal, se “castiga” a menudo el crédito
rápidamente, se lo vende a una empresa de cobranza coactiva con todos los
métodos agresivos que ello supone, como embargos de las casas y otros bienes,
(y no necesariamente a una de esas empresas de cobranzas que más bien se
especializan en refinanciar/reestructurar la deuda comprada).

Es decir, al mismo cliente al que “se le insistió” para
darle crédito, se lo bota luego a la basura como un “kleenex usado”, expresión
muy franca y a la vez muy gráfica y acertada que se puede escuchar en Francia
(efectivamente esos clientes se sienten luego como que fueron “usados y desechados”).

Dichos clientes se vuelven lo que en algunas reuniones he
llamado: los “incluidos efímeros”, que quedan más excluidos que nunca. Una alta
directiva de una caja rural habló de incluídos 
luego “desincluídos”, y me comentó que sería muy interesante saber cómo
llegaron a esta situación y qué ha sido de estos después, algo que podría
hacerse a través de una amplia encuesta a personas identificadas a partir de
las centrales de riesgo, por ejemplo. Me parece una excelente idea, para favorecer
una toma de conciencia.

Hay que seguir haciendo campaña contra las prácticas crediticias
agresivas y recordando que el centro debe ser el cliente, promocionando con
fuerza la
Smart Campaign y sus 7 principios de protección del cliente
microfinanciero, que incluyen el evitar sobreendeudarlo
. Que la inclusión
financiera no se haga fabricando más de esos “falsos incluídos” para inflar de
manera cortoplacista las estadísticas de inclusión financiera  a través de “bonitos números” de nuevos
accedentes al crédito.

El problema es que todavía demasiados confunden inclusión
financiera con créditos y con tarjetas de crédito, basta escucharlos unos
minutos para darse cuenta que no le dan el sentido que muchos de nosotros le
damos. Y por otro lado, todavía se nota a veces cierta superficialidad  y una visión demasiado teórica del tema de la
inclusión financiera: existe una cierta tendencia a verla como un objetivo
en sí misma, a pesar de que el CFI insiste mucho en que debe asegurarse la
calidad de esta inclusión financiera
.

También está habiendo demasiada autocomplacencia y
soberbia con tanto premio internacional alcanzado por nuestro país. Richard Webb nos recordó, con números del reciente Censo Agropecuario, la muy débil inclusión financiera en el ámbito rural, a pesar de la diversificación de fuentes de ingresos que él mismo pudo observar; y como dijo, la gran tarea por delante.Y el gran desafío, es hacerlo bien.

Hay justamente un problema creciente de sobreendeudamiento que casi
nadie quiere reconocer, adormecidos por esa visión idílica y por números de
morosidad, que aunque en aumento, siguen siendo relativamente moderados y manejables. Pero cabe
preguntarse qué pasaría si la economía se estancara, en vez de seguir
creciendo: los “saltos de morosidad” pueden ser brutales en cuestión de pocos
meses. Por eso, y porque falta incluir a nuevas categorías de población más vulnerable, se debe analizar con mayor detalle y sin complacencia una tendencia que se produce en un contexto de crecimiento. 

Es una de las razones, aparte de una necesaria visión
ética de las finanzas donde la Smart Campaign es una herramienta indispensable,
por las que insisto tanto con la necesidad de reconocer rápidamente cuando es
necesario, que uno no va a poder recuperar siempre todo lo prestado, así como
con el tema de la refinanciación/restructuración que de un respiro a los
clientes afectados en vez de hundirlos, algo que se puede alcanzar directamente refinanciando uno mismo (los mecanismos de coordinación pre-establecidos entre entidades financieras, como lo expliqué en ocasiones anteriores, pueden contribuir a ello) o vendiendo las exposiciones a empresas de cobranzas expertas en
refinanciaciones, en vez de dejarlas a oficinas de cobranza coactiva que
recurren sistemáticamente a métodos muy coercitivos, como los embargos (o peor)
y a los tribunales para maximizar el recupero a toda costa.

La cobranza coactiva es muy justificable frente a
personas que se podría calificar de sinvergüenzas y especialistas del “perro
muerto”. Pero en los segmentos sociales vulnerables, predomina en realidad una
fuerte cultura de pago; cuando no logran pagar es porque se sobreendeudaron mal
aconsejados por entidades financieras cortoplacistas y/o imprudentes que no
jugaron su rol de educación financiera (a veces “maleducaron” a propósito, con
prácticas como créditos manifiestamente excesivos o incitaciones a usar toda la
línea de tarjeta via retiros de efectivo), o porque cayeron en el
“sobreendeudamiento pasivo”, aquel causado por eventos que afectaron seriamente
su generación de ingresos. No merecen el trato brutal al que son muchas veces
sometidos. L
a Smart Campaign está justamente efectuando un estudio internacional
sobre el tema de las cobranzas que incluye al Perú.

Felizmente, varios participantes al evento insistieron
sobre el hecho de que
la inclusión financiera se hace esencialmente mediante
los ahorros y la tarjeta de débito para empezar, no necesariamente con créditos.
Algunos mencionaron también muy acertadamente a los seguros
, lo que se
refiere a aquellos que van más allá del mero seguro de desgravamen, que en
realidad está pensado para proteger sobre todo a los acreedores, aunque no deja
de ser benéfico para el cliente, por supuesto. La Access to Insurance
Initiative (otro organismo internacional del mismo tipo) está terminando junto al FOMIN del Banco Interamericano de Desarrollo (el BID, que también es sponsor del CFI) un
utilísimo estudio sobre nuestro país al respecto.

Propongo entonces introducir en los indicadores de
seguimiento de la inclusión financiera un correctivo
, razonando tanto en
evolución de stocks como en flujos:

-       No tomar
únicamente las estadísticas de nuevas personas con acceso al crédito para medir
la inclusión o bancarización

-       Poner
énfasis en las estadísticas de nuevos clientes con acceso a productos de
ahorro, y a seguros adicionales a los de desgravamen, separando vida y
propiedad para tener una idea más precisa

-       Combinar
estas estadísticas: cuántos clientes nuevos con créditos obtuvieron también
seguros y productos de ahorro al mismo tiempo; también es interesante ver la
evolución de clientes existentes puramente crediticios que tuvieron luego
acceso a productos de ahorro y de seguros

-       Corregir
los números de nuevos clientes crediticios añadiendo cuántos de estos fueron
“castigados” después; se podría enriquecer este dato con el del tipo de
recupero efectuado después  (cobranza
judicial o refinanciación), y si se vendieron los créditos a qué tipo de
empresa de cobranzas: las antes que todo coactivas, o las que
refinancian/reestructuran.

Estas estadísticas, en las cuales no se debe olvidar que muchos clientes micro-empresarios “acceden” al poco tiempo también a créditos de consumo que pueden crearles problemas, deberían ser seguidas no solo a nivel macro, lo que mediría mejor la calidad de nuestra inclusión financiera como país,  sino entidad por entidad. Es algo que las clasificadoras especializadas en microfinanzas, quienes también evalúan el desempeño social, deberían mirar con interés para ver si alguien está incluyendo de verdad o no.  Esto podría también ser muy útil para la SBS en su acción supervisora. Como ya lo dije sobre la supervisión financiera macroprudencial, la visión macro y la micro deben combinarse y retroalimentarse.


Conclusión

No es porque somos “líderes en microfinanzas” que debemos
dejar de ser exigentes con nosotros mismos. Al contrario, puesto que otros nos
miran tanto como modelo, es un deber aún más fuerte serlo. Y no hay que
equivocarse con el tema de la inclusión financiera: esta no deber ser un fin
abstracto o estadístico en sí o verse sólo a través del entusiasmo que pueden generar
los aspectos tecnológicos, debe traducirse globalmente en una mejora de la
situación de las personas, aunque no siempre sea posible por las crisis. Y los
estudios mencionados que se están efectuando sobre nuestro país deberían ser de
ayuda para mejorar la calidad de nuestra inclusión financiera. También ayudaría
mucho en ello la no-subestimación del riesgo de sobreendeudamiento por actores
clave del mercado y por las autoridades financieras, sociales, monetarias y
supervisoras.

COMENTARIOS

  • 1
  • 29.12.2013
  • 02:08:14 hs
Richard

Me pareció excelente este artículo, Gregorio. El mensaje más importante creo, que tú señalas, es la velocidad con que se puede producir un salto en la mora, cuando desaparece de la cifra el colchón engañoso de los nuevos clientes y nuevos créditos cuya mora es siempre menor, y cuando se reduce el margen de limpieza que tienen los bancos via los castigos.

  • 2
  • 24.12.2013
  • 03:30:34 hs
Jose Zapata

Coincido contigo Gregorio.
Las entidades financieras en su afan de crecimiento “a toda costa” , están desconociendo variables de suma importancia para lograr verdaderamente la inclusión social. Nadie quiere bajar, con ahorro y credito, a los segmentos rurales por ejemplo. La mayor competencia se da con clientes ya conocidos, urbanos, sobreendeudandolos, llevandolos mas bien a su desinclusion, por el monto de las deudas que vienen adquiriendo sin estar alineadas a su capacidad de pago.
Aqui hay un problema que ojala se corrija en el corto plazo, porque, no es necesario tener una bola de cristal, para anticipar que los tecnocratas van a tener que trabajar mas bien con indicadores de desinclusion.
Somos lideres en microfinanzas, con una frondosa regulación, que motiva “autoloas” poco sanas, contamos con instituciones teóricamente comprometidas con la inclusion, pero, también, como país, mas que que soluciones, estamos avanzando exponencialmente en una mayor probabilidad de generar problemas a la población objetivo.
Siempre lo he dicho, el crédito per-se, no es la solución para promover la inclusión social.
Saludos Navideños.

  • 3
  • 20.12.2013
  • 11:56:05 hs
Theo Baken

Microfinanzas ha ganado su buena reputación por su papel en la reducción de la pobreza y en el desarrollo de la microempresa. Sería mejor no considerar el crédito de consumo como un producto micro financiero. Además por sus altas tasas de interés parece que sirven más los intereses de las instituciones financieras que ‘venden’ estos productos.
Los intereses de los clientes en su afán de superarse económicamente no cuentan y no figura en los informes periódicos. Si así fuera hablaríamos de una verdadera inclusión financiera. En su interpretación muy simple de aumentar el número de clientes y el volumen de carteras no hay espacio incluir los efectos sobre los clientes. La discusión en los foros internacionales sobre el papel de microfinanzas en el desarrollo socio-económico, por lo tanto, está girando hacia la inclusión de más y otros indicadores.
Esto también debería hacer los gobiernos a través de sus ministerios y/o gobiernos regionales o locales. Algunos centrales de crédito ya han incluido ejercicios con indicadores sociales, aunque estos – por el momento – se concentran más en la parte interna de las instituciones Microfinancieras.
Revisando las Perspectivas Económicas 2013 para Pymes hay un llamado a mayor coordinación entre los servicios financieros y no-financieros, porque aparte del difícil acceso a finanzas lo mismo ocurre con el desarrollo empresarial. La amplia gama de cursos disponibles entrega diplomas y certificados, pero no contribuye eficazmente a un desarrollo de capacidades y desde ahí tampoco a aspectos de innovación.
Es por eso que este año en los foros internacionales se ha introducido el término ‘integración financiera’ para los clientes, que a mí me parece indicar mejor la intención de ‘inclusión financiera’ que la interpretación que le dan dado en el Perú.
Sin embargo, es muy necesario ampliar sobre los temas de ‘inclusión o mejor dicho integración financiera’ y diseminar sus implicaciones a todas las partes involucradas a nivel de instituciones financieras (de primer y segundo piso), sus clientes, la superintendencia y los gobiernos.

  • 4
  • 26.12.2013
  • 08:09:50 hs
Luis Gastelú Ortiz

Estimado Doctor Gregorio, se debería considerar como una señal de alerta temprana el comportamiento que ha mostrado el sector microfinanciero hasta la fecha. En ese sentido, al analizar la evolución del Sistema Financiero Peruano en los últimos cinco años se observan factores de riesgo, debido en gran medida al ingreso y consolidación de nuevas Entidades Bancarias. Asimismo, a raíz de la crisis financiera internacional las entidades bancarias tradicionales se dedicaron a estudiar nuevas opciones de inversión en el mercado, trayendo como consecuencia un “cambio de rumbo” en sus modelos de negocio. Este cambio ha significado que las principales entidades bancarias, mediante la creación y/o adquisición de instituciones microfinancieras, ingresen actualmente en aquellos segmentos considerados de mayor riesgo.
En la actualidad, las instituciones microfinancieras han ido ganando espacio y se han fortalecido, con mayor participación en la capital y en el interior del país, precisamente en aquellos segmentos considerados de mayor riesgo, debido su menor nivel de ingresos y escasa formalización. Contradictoriamente, estos segmentos son los que muestran mayor dinamismo y potencial de crecimiento. En tal sentido, es ahí donde las instituciones microfinancieras tienen un rol activo y primordial en el desarrollo e inclusión de aquellos segmentos, convirtiéndose en importante alternativa de acceso a los servicios financieros.
No obstante, es preciso mencionar que este “cambio de rumbo” a su vez ha ocasionado un deterioro en el mercado microfinanciero, principalmente en los temas relacionados con el mayor nivel de endeudamiento y sobreendeudamiento, ocasionando paralelamente mayores niveles de morosidad, constitución de provisiones y créditos castigados.
Bajo este contexto, las microfinancieras, en su gran mayoría, relajan sus políticas de evaluación crediticia con el objeto de ser más agresivos en sus colocaciones, pensando en el corto y mediano plazo; sin embargo, no identifican ni miden la calificación de riesgo de sus potenciales clientes.
Por lo tanto, el resultado que se genera es una base de clientes en el sector microfinanciero cada vez más reducida y con menor capacidad de endeudamiento, del mismo modo, una base creciente de clientes tachados del sistema debido que no recibieron la información ni educación adecuada en su momento.

  • 5
  • 29.12.2013
  • 02:05:20 hs
Paola

Si, mi opinión es que hay un porcentaje de “exclusión” que esta incrementándose por entidades que ven en la central de riesgos que hemos dado crédito y antes no figuraban en el sistema y no ven capacidad de pago sino sólo que los hemos aceptado como sujetos de crédito.
Si lográramos tener la data “quién sobeeendeuda” y termina excluyendo del sistema, la SBS debería aplicar sanciones más que provisiones.
Hay que pensar como desmotivar a los “sobeeendeudadores”, tarea: ¿cómo?

  • 6
  • 20.12.2013
  • 01:58:03 hs
joseamat

Estimado Doctor, ha hecho una acotación bastante oportuna y precisa sobre la escasa importancia que se le da al sobreendeudamiento, no sólo por parte de las Entidades financieras, sino también por parte del parlamento, que al parecer se ha empeñado en abordar el tema de las finanzas sin ninguna base teorica del tema.

Al parecer se subestima el valor de los indicadores que Ud. refiere y van a seguir sacándonos regulaciones inspiradas en su “intuición justicialista”.

Sólo me queda una duda. ¿Es necesario el diseño de un nuevo tipo de autorregulación donde se tome en consideración este fenómeno del sobreendeudamiento?

  • 7
  • 21.12.2013
  • 02:25:42 hs
manuel

Muy buen artículo, ojalá que pueda ser leído por los ejecutivos de las múltiples entidades financieras, especialmente las que se dedican a las micro-finanzas.

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