Riesgos Financieros

Gregorio Belaunde

Riesgo Catastrófico Combinado: Lecciones desde Turquía

En posts anteriores he tenido la oportunidad de explicar el llamado Riesgo Catastrófico y cómo puede gestionarse. Algo muy poco conocido por haber sucedido en medio de la gran secuencia de crisis financieras y bursátiles Asia del Este-Rusia-Brasil- Explosión de la “burbuja dot-com”- Atentado del 11/09/2001- Argentina- Pre-Guerra de Irak que hubo desde mediados del 1997 hasta los primeros meses del 2003, es lo que le pasó a Turquía entre los años 1999 y 2001: una crisis financiera mayúscula que fue rápidamente opacada por la de Argentina combinada con un sismo devastador en una región muy poblada y altamente industrializada. Y por eso tampoco son muy conocidas ciertas lecciones que sacó Turquía de dichos eventos y las soluciones que adoptó para incrementar su “resiliencia” como país.

 En los años 1990 Turquía estaba conociendo como los países de Asia del Este un crecimiento en gran parte basado en el masivo influjo de capitales extranjeros que eran sobretodo de corto plazo, con bancos dependientes de ellos y con grandes descalces cambiarios y de duración, empeorados por el hecho de que una inestabilidad política crónica, y grandes problemas de corrupción  llevaban a grandes déficits presupuestales del orden de 7 %, y que eran financiados por bonos de larga duración en moneda local por los bancos locales, lo que incrementaba aún su fragilidad, en un contexto de débil supervisión bancaria.

 La Crisis Asiática y la Rusa llevaron, como para tantos otros países, a que se revirtieran negativamente los movimientos de capitales extranjeros, con grandes salidas de capitales de corto plazo, lo que fue empeorando la fragilidad de los bancos y de las finanzas públicas.

 Fue en ese contexto deteriorado que el 17 de Agosto de 1999 un terremoto de magnitud 7.6 Mw, con hipocentro a poca profundidad (recuérdese el caso de Haití), golpeó a la región del Mar de Mármara, y especialmente a la importante ciudad de Izmit. Pero también fue bastante golpeada la que es de lejos la principal ciudad de Turquía, en términos de PBI, es decir Istambul, situada a 70 km del epicentro del terremoto, y especialmente sus barrios construidos en zonas de suelo de mala calidad.

 Los códigos constructivos de Turquía eran bastante buenos, pero el rápido desarrollo de la región llevó al colapso de las capacidades de supervisión por parte de las autoridades, con la consecuencia de numerosos edificios mal construidos en la práctica (notablemente edificios multi-familiares que colapsaron como “galletas”) y de un gran problema de vivienda construida de manera informal. La importante refinería de Tupras sufrió un incendio que tomó 5 días sofocar y numerosas empresas industriales tuvieron serios problemas. Por el lado positivo, la mayor parte de la infraestructura vial esencial (a pesar de los daños a muchos puentes) resistió bien, así como las redes de agua y alcantarillado, de gas, y de electricidad, que fueron restablecidas en general en pocas horas. Y también numerosas construcciones industriales modernas resistieron muy bien.

 El sismo tuvo un saldo oficial de 17 mil muertos (aunque algunos dicen que pasaron de los 40 mil) y 44 mil heridos, y dejó a casi medio millón de personas sin hogar. Los daños económicos totales fueron estimados en USD 23 mil millones, un 13 % del PBI de la época. Y empeoró la situación financiera del país, que ya estaba sufriendo las consecuencias de las crisis asiática y rusa. Ese año, el déficit del presupuesto pasó al 12 % del PBI, y se registró un crecimiento negativo de 3.6 %. Entre los factores que contribuyeron al déficit adicional (que también se vería en el 2000 y el 2001, con niveles similares de déficit presupuestal): el que el Gobierno tuviera que financiar gran parte del esfuerzo de reconstrucción de viviendas, pues la penetración de los seguros para vivienda era entonces bajísima, de menos del 3 % de las viviendas en el país. Por supuesto, ello afectó también al sector bancario, pegando el nivel de morosidad un “salto” al 11 % para la banca privada y 13 % para la banca pública.

 Hacia fines del 2000, la situación se volvió insostenible, con devaluación masiva y “corridas” bancarias, la necesidad de rescatar a 18 bancos privados entre el 1999 y el 2001, por un costo total del 31 % del PBI, y una refinanciación de la deuda pública lograda felizmente con éxito e mediados del 2001. En el 2001, el crecimiento negativo había sido de 5.7 %. La deuda pública, que ya había saltado al 40 % del PBI en el 1999, terminó pasando al 74 % en el 2001. En el 2001 también, la morosidad en la banca privada alcanzó 19 % de los préstamos y el volumen de crédito bancario se contrajo en 29 % respecto del 1999. El crecimiento positivo regresó en el 2002 con la estabilización lograda.

 Ejemplos de las medidas tomadas por las autoridades Turcas

 En lo que respecta al sector financiero, se tomaron medidas muy significativas:

 . en el 2002 se organizó un esquema de refinanciación y restructuración de la deuda empresarial con los bancos (el llamado “enfoque de Istambul”) por unos 6 mil millones de dólares, lo que salvó a muchísimas empresas, permitió al crédito iniciar su recuperación y contribuyó a que se retomara la senda del crecimiento ese año, con más de 5 %.

 . y se reforzó de manera muy significativa la regulación y supervisión bancaria, obligándose a los bancos a sólo prestar en moneda extranjera a aquellos clientes que tuvieran ingresos en moneda extranjera (gestión del riesgo cambiario crediticio), a incorporar en sus exposiciones ponderadas a numerosas exposiciones que no se tomaban en cuenta, sobre todo los derivados, y de manera muy notable, fijando un ratio mínimo de 12 % de patrimonio efectivo respecto de los activos ponderados. Una funcionaria de supervisión turca me dijo en el 2008 que ese era el mínimo legal, pero que en realidad se empujaba a los bancos a alcanzar mínimos de 15 %, que eran el verdadero objetivo supervisor. No es sorprendente que los bancos turcos capearan con éxito el temporal de la crisis del 2009.

 En lo que respecta al aseguramiento de las viviendas, repito lo que ya mencioné en el post sobre la importancia de la acción decidida del Estado en términos de penetración de los seguros. En los últimos años Turquía hizo pasar la penetración de los seguros catastróficos de menos de 3 % de las viviendas en el 2000 a 23 % en todo el país (40 % en las zonas más propensas a desastres), multiplicando por 6 el número de pólizas en 10 años. Una performance espectacular para un país con bajísima cultura de los seguros.¿Cómo lo logró? Creando, con la asistencia técnica y financiera del Banco Mundial en el marco de una asociación público-privada entre la industria aseguradora, el supervisor de seguros y el Gobierno, un “pool de aseguramiento catastrófico”, que permitió una agresiva campaña de comunicación y  también sustanciales economías de escala. Un punto de partida indispensable fue que las diferentes empresas del rubro aceptaran trabajar juntas. El rol motor de la autoridad supervisora de seguros, bajo el liderazgo de la funcionaria Serap Oguz fue clave; también fue importante la contribución de las autoridades a cargo del catastro, que lograron hacer que la contratación de seguros para la vivienda fuera casi obligatoria para mucha gente.

 En lo que respecta a la gestión pública, Turquía introdujo progresivamente en su Ministerio de Hacienda la gestión del riesgo operacional, incluyendo a la gestión de la continuidad operativa. Esto es muy importante pues la capital y segunda ciudad del país, Ankara, también está muy expuesta al riesgo sísmico, como lo probaron los terremotos de 1938 y sobre todo el de 1944; y por razones históricas, el país está también expuesto al riesgo de atentados terroristas de alto impacto.

 Conclusiones

 Por supuesto dicho país está aún sometido a numerosos desafíos para su resiliencia financiera y operativa pues cabe preguntarse cómo le iría con un sismo cuyo epicentro sería aún más cercano a Istambul, sabiendo que esta ciudad representa más de 40 % del PBI del país, y han aparecido ciertas vulnerabilidades en lo que respecta a la balanza de pagos, y al sobreendeudamiento minorista, como suele suceder en muchos países que han conocido un largo período de crecimiento económico.

 Pero es indudable que Turquía ha sabido tomar medidas muy importantes para mejorar su grado de resiliencia frente al riesgo catastrófico. Es un país del cual podemos aprender muchas cosas, pues tenemos desafíos que en varios aspectos son similares y ha enfrentado una combinación poco común de crisis financiera con crisis sísmica. Los intercambios no deberían limitarse al tema del TLC.

 

 

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