Smart money

Luis Ramírez

¿Should I stay or should I go?

La semana del 8-12 de octubre fue una semana agitada en los mercados, fuertes retrocesos en el índice tecnológico y en el S&P500 caracterizaron la negociación de mitad de semana. La pregunta que cabe hacerse ante este comportamiento es, será simple volatilidad del mercado, o será que el final de la fiesta está cerca, y es hora de ir despidiéndose de los anfitriones…

Revisemos un poco lo que ha sucedido, pero antes dejemos claro que el retroceso del mercado no se circunscribió a los días miércoles y jueves en que se observaron fuertes caídas, en realidad ya había empezado desde el 4 de octubre. La causa principal de tales retrocesos sería el incremento de los rendimientos de los bonos del tesoro de EEUU, específicamente el bono a 10 años, cuya tasa de rendimiento alcanzó un máximo de 3.23%, para cerrar el día 12 de octubre en 3.14%. Tal incremento en el rendimiento de los bonos estaría anticipando futuros incrementos por parte de la Reserva Federal a su tasa de referencia, ello en el marco de la normalización de su política monetaria.

El incremento de los rendimientos y la tasa de interés representa un mayor costo de financiamiento para las empresas, una mayor tasa para valuar los activos de mercado, además de generar un efecto de reasignación de las inversiones al volverse los bonos más atractivos en términos de riesgo rendimiento. Esta reasignación de flujos no solo se dará desde el mercado de acciones hacia el mercado de bonos, si no que también observaríamos movimientos similares desde los mercados emergentes hacia EEUU.

La pregunta que cabe hacerse es si estos eventos y su repercusión en el mercado de acciones de EEUU estarían anunciando el final del ciclo alcista que hemos visto desde el primer trimestre de 2009. Por ello se me ocurrió que la pregunta que da título a aquel éxito ochentero de The Clash, “Should I stay or Should I go?” resume oportunamente la pregunta que deberíamos hacernos como asesores o gestores: “nos quedamos o nos vamos y salimos del mercado”.

Antes que nada debemos ubicarnos en el tiempo y el espacio, es decir, debemos tener bien claro donde estamos parados. El análisis técnico nos puede ayudar en esto, pero para entenderlo primero debemos explicar lo que es un ciclo primario y un ciclo secundario. Partiendo de la idea central que los mercados son cíclicos, lo siguiente es distinguir los ciclos primarios de duración superior a un año, y los ciclos secundarios de menor duración, entre 3 a 11 meses. Bajo estos conceptos, el ciclo alcista primario en el que se encuentra el S&P500 inició en 2009 y aún no termina, al mismo tiempo se encontraba describiendo un ciclo alcista secundario, el cual inició en abril de este año, cuando terminó la tendencia bajista de corto plazo que duró desde fines de enero (ultimo máximo) hasta finales de marzo. Cabe mencionar que esta tendencia bajista de corto plazo al mismo tiempo representó la corrección del ciclo primario.

Estas caídas de la última semana confirmaron un cambio de tendencia cuando el índice bajo de 2864 puntos. Pero no hay que asustarse aún, la tendencia que se ha revertido es la tendencia secundaria, la de mediano plazo. Desde el punto de vista del análisis técnico, una señal que indicaría debilidad y por ende el posible final del ciclo primario sería un retroceso del índice por debajo de los 2530 puntos. Mientras ello no ocurra, las caídas recientes todavía encajan dentro de lo que es una corrección del ciclo primario de largo plazo.

Yo siempre he sostenido que el análisis técnico es un apoyo que complementa el análisis fundamental. En este sentido considero oportuno estar alerta a algunos factores de tipo fundamental que creo van a tener un peso importante en el futuro de los mercados.

Vayamos primero con lo positivo. Estamos a puertas de iniciar el periodo de presentación de informes financieros al tercer trimestre. En el corto plazo este creo sería un catalizador para el mercado, pues el consenso esta bastante positivo sobre los resultados que presentarán las empresas. Sin embargo, hay dos factores de riesgo importantes que no podemos dejar de considerar, uno es el rumbo de la política monetaria que siga la Reserva Federal, y acá no solo nos referimos a la normalización de las tasas de interés, si no también a la normalización de su hoja de balance. El otro factor de riesgo esta relacionado con el desenlace de las tensiones comerciales entre EEUU y China, que de continuar en la forma que van, definitivamente impactarán el PBI de EEUU. Ya el FMI rebajó hace unos días el estimado de crecimiento mundial, precisamente en respuesta a estos eventos.

Una alerta adicional, no tan relacionada a variables macroeconómicas, pero que es igualmente importante, es el sentimiento del mercado. Recién se publicó el índice de confianza del Conference Board, el indicador de sentimiento mas seguido por el mercado, que en el último mes alcanzó su nivel más alto de los últimos 18 años. Para entender porque esto sería una señal de alerta, voy a citar aquella frase de Warren Buffet que dice “Se codicioso cuando los demás sienten miedo y temeroso cuando los demás sienten codicia”. Esto tiene sentido si tenemos en cuenta que normalmente en la última fase de los ciclos primarios alcistas el sentimiento dominante es un exceso de optimismo. Normalmente en los extremos (alcistas o bajistas) de los ciclos primarios, el mercado se vuelve muy emocional. Y lo que hemos visto en las sesiones del miércoles 10 y jueves 11 me parece que encajan bastante bien dentro de lo que podríamos llamar “movimiento emocional”. No estoy minimizando el efecto que podría tener la normalización de la política monetaria por parte de la FED, pero creo que los días previos los precios ya recogían esa expectativa, y me parece que las caídas del miércoles y jueves tuvieron un alto componente emocional.

Aunque una reversión a la tendencia de largo plazo, en caso se confirme, no se dará ni la próxima semana, ni el próximo mes, creo que si sería oportuno estar atento el 2019, tal vez hacia la segunda mitad del año. Creo que el impulso fiscal que implementó la administración Trump, y fue el contrapeso para una política monetaria restrictiva podría perder momento, lo que sumado a los factores de riesgo externos que hemos citado podrían ser el desencadenante final del cambio del ciclo bursátil en EEUU. Tal vez sería hora de ir implementando algunos rebalanceos en los portafolios (cambios en la asignación estratégica). ¿Ustedes que opinan?

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