Millennials

Pamela Romero Wilson

Alberto Ackerman: “Buena suerte, mala suerte… ¡quién sabe!”

 

Alberto Ackerman

 

Conocí a Alberto cuando me encargaron conseguir un judio que diera un testimonio sobre su religión en mi clase de Teología. Recuerdo que mi amiga Dora se ofreció a conectarme con su amigo Alberto y al hacerlo, solo bastó un par de llamadas para tenerlo parado en clase contando su día a día. Fue aleccionador encontrar a alguien con tan buena voluntad y tanta predisposición a ayudar, incluso a una completa desconocida como lo era yo entonces. Vale la pena leer lo que me fui enterando de él con el pasar del tiempo.

Alberto se considera una persona emprendedora que aún está indagando con muchas opciones. Él jugaba futbol hasta los 20 años en un club profesional, que era San Martín,  y considera que de ahí ha tomado un background interesante en los negocios; él cuenta que aprendió mucho de organización, de disciplina y de trabajo en equipo. Estudia en la Universidad de Lima y creó la ONG “abrígate que tengo frío” con un grupo de amigos, haciendo pausa en que quizás jamás podrá devolverle a esa comunidad todo lo que le ha enseñado. A los 17 años sufrió una lesión que le hizo abandonar su carrera como futbolista pero que, le abrió la puerta al mundo que hoy le apasiona: una clínica de rehabilitación para deportistas.

_

¿Qué fue exactamente lo que te hizo dejar el sueño de ser futbolista?

Al romperme el ligamento cruzado anterior tuve la oportunidad de ir a Estados Unidos a hacerme la operación y la rehabilitación física. Al volver a Lima me di cuenta de la tremenda diferencia entre lo que pasaba allá y lo que se ofrecía aquí en tema de rehabilitación.

¿Crees que fue mala suerte lo que te pasó?

¡Buena suerte, mala suerte… quién sabe! Había gente pensaba que yo estaba en los mejores momentos de mi carrera pero muchas veces algo que parece malo puede ser muy bueno en la vida, y viceversa, algo muy bueno podría llevar consigo algunas consecuencias malas. !No sabemos!

Entonces viviste el tema en experiencia propia…

Exacto.

Fue por eso que vi la oportunidad de hacer un negocio. Básicamente busqué al mejor fisioterapeuta del Perú (que hoy es uno de mis mejores amigos) se llama Pedro Correas. ¡Un maestro!

Entonces lo que hicimos fue crear una empresa enfocada en deportistas, porque no había una empresa exclusiva para ellos.

Es verdad, y definitivamente requieren otro tipo de atenciones… ¡Su vida depende de eso!

Claro.

En Equilibrium, que es como se llama la empresa, tratamos las dis-funciones biomecánicas del cuerpo. Eso significa que están desequilibrados.

Sin embargo, el equilibrio de un deportista es diferente a tu equilibrio

!Me imagino!

En el caso de un deportista, se debe estar apto para poder jugar a nivel profesional. El estado de bienestar consiste en el equilibrio, eso es todo. La empresa ya tiene un año y medio mas o menos

Y aunque ya no estás jugando como deportista profesional, ¿tu crees que estás en equilibrio?

Creo que una persona va migrando a distintos puntos de equilibrio. Antes quizá, yo era todo el tiempo deporte y hoy considero hasta tengo un lado muy social. Uno se va re-diseñando.

Y si pudieras encontrar tu parte no favorita de todo esto, ¿cuál sería?

Es difícil porque en realidad me permite estar aún muy en contacto con los deportistas (muchos de ellos amigos que hoy son mis clientes), mis socios son espectaculares como amigos y profesionales. El feedback que viene recibiendo Equilibrium es muy bueno… la verdad estoy contento.

De repente la burocracia con los seguros, ¡los trámites… ! Pero son necesarios, es el principal canal de acceso de los pacientes. Hoy estamos asociados ya a casi todas las compañías de seguros más importantes.

¿Vienen más proyectos?

Me encantaría poder desarrollar nuevas oportunidades de negocios. Un amigo me dijo una vez que la idea de negocio parte de sentir las necesidades de la gente.

¿Y te interesa colocarte en el mundo corporativo? 

No es que considere que entrar a oficinas es retroceder. Más bien creo que es una tarea pendiente y no niego la posibilidad de hacerlo.

Tu familia. ¿está llena de emprendedores, o de personas en el mundo corporativo?

Mi papá me inspira en el tema de los negocios, en las 3 empresas que maneja él. ¡Me gustaría tener más tiempo para aprender de él incluso!

Y por otra lado, mi mamá es (creo) la persona más buena que hay en el mundo. Con una conciencia social increíble, ella es voluntaria en “Aprendo contigo”.

Genial. Tu estudias administración en la Universidad de Lima y entraste a estudiar la carrera con la idea de hacer empresa, ¿verdad?

Yo lo que tenía claro era que iba a trabajar en una de las empresas de mi papá, sobre todo en el tema inmobiliario. Mi tesis de la universidad es justamente sobre la posible burbuja que hay en el sector y mi papá usa la información de mi investigación para tomar mejores decisiones. Incluso estoy viajando a Ecuador a dictar una charla sobre si existe o no una burbuja en el Perú.

jajaja ¡y ni te has graduado!

Básicamente le dijeron a mi papá y a sus socios, y me ha pedido acompañarlo. (risas)

¿Te interesa hacer negocios fuera?

No lo creo. Hay tantas oportunidades para desarrollar empresa en el Perú que es increíble. Y al final

¿Harías una maestría? ¿siendo un emprendedor?

Si claro. Yo considero que tengo un abismo de cosas por aprender aún.

¿Cómo funciona tu estilo de vida?

Me gusta un estilo de vida saludable

No podrías no…

Trabajo 24/7 pero también puedo estar socialmente disponible 24/7. Empiezo mis días con deporte para liberar endorfinas y luego eso me permite oxigenar el cerebro. Trato de manejar la comida saludable y de hecho como poco, cuando salí con alguna chica alguna vez, sufría porque les daba vergüenza comer más que yo.

¡Tengo que advertirles! (risas)

¿Cómo influye en ti la religión judía?

Los valores de la religión por un lado, y por otro la comunidad que te hace pensar en los otros.

Por ejemplo si una persona X me pide que lo ayude tengo opciones: lo hago pero de mala gana, lo ayudo de buena gana, lo ayudo sin saber quién es, lo ayudo sin que él sepa que lo ayudé (para que sienta que no me debe nada) o lo ayudo y ni yo ni el sabemos quienes somos. Así, se van alcanzando distintos niveles de “pureza” .

El nivel más alto es dar trabajo, porque es dar la oportunidad al otro de poder salir adelante.

 

 

 

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