Gestión del Talento

Ricardo Alania Vera

El cambio como constante, una realidad o un desafío

Las estructuras organizacionales muchas veces nos generan la posibilidad de equivocarnos en el afán sensato y bien intencionado de “organizarnos adecuadamente”. Adicionalmente, nuestros conceptos de orden, que prevalecen en nuestros juicios de valor de ciertos esquemas, así nos condicionan. Sin embargo, hay que tomar en cuenta dos aspectos: en primer lugar lo que nos menciona el profesor E. Deming cuando nos dice que un gran porcentaje de errores en las empresas son de naturaleza común, es decir provienen del sistema; y el segundo, lo que nos menciona Peter Senge, cuando nos dice “muchas veces queremos poner orden en el caos y terminamos poniendo caos en el orden”.

Analicemos las menciones realizadas. Para el análisis de la primera pongamos el siguiente ejemplo que nos ilustra el profesor E. Deming. Un colaborador se encontraba subiendo las escaleras que comunicaban la planta de producción con las oficinas, y mencionó: “saben, casi me caigo en las escaleras porque los pasos de la mismas eran muy cortos, y entonces pude apreciar el letrero que la empresa había colocado en el descanso de la subida que decía cuídate, no debemos tener accidentes de trabajo, nuestra meta es cero accidentes y es responsabilidad de todos”.

Parafraseando nuevamente al profesor E. Deming, tendríamos que decir “hagan bien la escalera y quiten el letrero”. La analogía nos muestra que la escalera representa al sistema de trabajo y el letrero cómo la organización enfrenta los problemas que ella misma crea, dándole al colaborador la responsabilidad del resultado. Si cambiamos la escalera, equivaldría a decir “hagamos un sistema de trabajo adecuado a las circunstancias propias de la unidad de negocio que tenemos, a la opción estratégica que hemos declarado”, y no dejemos que sean las personas con sacrificio, voluntad y desgaste emocional, cierren las brechas de un diseño bueno pero aparentemente dislocado de la realidad imperante.

Y es aquí donde la frase de Peter Senge cobra relevancia, ya que si es nuestro deseo organizar, es posible que estemos desorganizando. No olvidemos que existe una teoría de lo organizado, hay procesos que por su naturaleza inherente adquieren un flujo de acción muy consistente con su propia dinámica, y esto tenemos que analizarlo y entenderlo para que no queramos organizar aquello que está organizado y más aún debemos condicionarlo sobre su misma estructura, para lograr mejores eficiencias.

Obviamente, como todo lo relacionado con las ciencias sociales, nada es perfecto ni absoluto. Solo la reflexión amplia y consistente nos llevará a saber con alto grado de certeza: (1) qué debo hacer, (2) qué debo dejar de hacer; (3) qué debo cambiar; y (4) qué debo de continuar.

Algo más para terminar. Sin duda debemos cambiar frente a un escenario que es distinto. Las organizaciones deben hacerlo, pero nunca deben de confundir cambiar la organización porque el escenario es distinto, con cambiar el escenario por implantar una nueva organización. Un dilema que debe de tener como norte a cliente, y como escenario a la realidad del cliente.

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